Venecia y Marbella estuvieron en el Atlántico

Por Míchel Jorge Millares //

Acabo de enviar mi artículo para su publicación en el próximo número de la revista turística It is Gran Canaria. Un artículo que me ha permitido rendir un pequeño homenaje a uno de los personajes singulares que tuvo un relevante papel en nuestra historia del turismo. Precisamente, en este año en que se cumple el 25 aniversario de su fallecimiento: Rafael Neville Rubio Argüelles, V Conde de Berlanga del Duero.

Para unos es la Venecia del Atlántico, pero el sueño de su creador, Rafael Neville era crear un lugar donde la jet set marbellí de los 80 y 90 pudiera inventar en una larga y plácida prolongación del verano, pero en el océano Atlántico. En la desembocadura del barranco grancanario de Mogán. Un pequeño pueblo de pescadores y agricultores cuyas casas escalaban el risco para dejar todo el suelo fértil para cultivar. Eran tiempos difíciles para las familias de la playa y del barrio de Lomo Quiebre, y de todos los caseríos de la zona. Las oportunidades económicas y salidas laborales se reducían al sector agropecuario. La carretera asfaltada, con sus túneles y tramos sobre acantilados, acababan de sustituir la vieja pista de tierra que conectaba desde Patalavaca hasta La Aldea.

Rafael Neville, Conde de Berlanga del Duero, encontró en Mogán el lugar perfecto para su sueño. Un reducto para la tribu marbellí, promoviendo su idea de pueblo marinero de lujo con canales y atraques para yates, apartamentos de estilo mediterráneo, un hotel y una zona para embarcaciones de pescadores que durante décadas estuvo inconclusa, pendiente de los presupuestos públicos para que la calidad del puerto se trasladara también a la zona e instalaciones de los marineros.

Pero el éxito de Puerto Mogán fue inmediato. Gran Canaria crecía y el turismo ocupaba toda la oferta alojativa. Los pantalanes se llenaron de yates vistosos y otras lujosas embarcaciones atraían a numerosos curiosos. Aunque no se hizo realidad el sueño de Neville. A pesar de que lo intentó con sus amigos: Alfonso de Hohenlohe, rey de fiestas en Marbella como un Rey de fiestas, la célebre Gunilla von Bismarck y, entre otros/as personajes del famoseo, como el fenómeno radiofónico y televisivo, Jesús Quintero, mordaz y divertido entrevistador más conocido como ‘el loco de la colina’, en aquellos años de estreno de la libertad tras la dictadura en España.

Don Rafael, miembro de la nobleza y de apariencia bohemia, intentó convencer con una idea fantástica a la ‘tribu’ de Don Hohenlohe para que incluyera Gran Canaria entre los lugares selectos para esa corte singular, pero para el artífice de Marbella, que construyó el Marbella Club Hotel en 1954, Mogán le parecía poco interesante. Un pueblo muy pequeño con la limitación de la lejanía de la ciudad con sus servicios (sanidad, negocios…). A lo que contribuía un galopante deterioro de la isla con infraestructuras muy deficitarias que no eran comparables con el esplendor de la Marbella. Mogán era un oasis de tranquilidad y un coqueto puerto en el que un reducido grupo de ricos podía disfrutar del aislamiento dentro de una isla. Pero era otra cosa, muy diferente a Marbella, de donde fue ‘exiliado’ por el gobernador civil (máximos representantes de la dictadura) por los constantes enfrentamientos que tuvieron y que Neville pudo mantener gracias a su posición en la nobleza española. De Málaga partió a Cerdeña, donde comienza a desarrollar proyectos como urbanista, creando ‘Porto Rafael’ para desplazarse a Gran Canaria y crear el puerto que sería conocido como ‘La Venecia de Canarias’. Neville murió a los 70 años, lejos de su Torremolinos, en 1996, residiendo en su Porto Rafael, tras vender su apartamento en Mogán por los apuros económicos que sufrió al final de su vida.

En el 25 aniversario de su fallecimiento, justo es recordar a quien hizo realidad, en parte, el sueño de convertir la playa de Mogán en el origen de lo que hoy es un destino turístico consolidado, compartiendo e integrando a la población del lugar, con la referencia de esas viviendas rodeadas de la luminosidad del mar moganero, lugar con encanto y atracción como uno de los lugares más visitados de Canarias.

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