Últimos días para ver la exposición de Paco Juan Déniz, ‘Semillas de identidad’, en la Casa-Museo Antonio Padrón

Las Palmas de Gran Canaria, 20 de febrero de 2019.- La Casa-Museo Antonio Padrón-Centro de Arte Indigenista, clausura el día 24 de febrero la muestra del creador Paco Juan Déniz, ‘Semillas de identidad’, en la se mezcla surrealismo y abstracción y que resume la trayectoria de medio siglo de vida de este inquieto artista que se considera autodidacta por definición.

Esta exposición forma parte de las muestras con las que Paco Juan Déniz quiere celebrar su medio siglo vinculado exclusivamente con el arte, y que tiene su extensión en la muestra que acaba de inaugurarse en la sala La Caldereta de San Mateo.  En el centro de Gáldar dependiente del Cabildo grancanario puede verse una obra de gran tamaño que nunca ha salido del taller del artista, ‘La Conquista’, así como dos piezas procedentes de colecciones privadas, ‘Recuerdos de la Atlántida’ y ‘El Emigrante’.

La muestra puede visitarse hasta el domingo, día 24 de febrero, de 10.00 a 18.00 horas con entrada gratuita.

El Centro de Arte Indigenista gestionado por el Cabildo grancanario muestra ocho pinturas y dos dibujos con una temática común, la identidad canaria, y  la misma servirá tanto para que quienes ya le conocen puedan disfrutar de su habilidad con las distintas técnicas, como para que quienes aún no han descubierto a este artista se den cuenta de la fuerza de su obra.

La comisaria de esta muestra, Aldara Santana, considera que “Paco Juan Déniz representa el Surrealismo del siglo XXI, renovado y con espíritu propio. Imágenes encadenadas que hablan de sí mismo, pero también de nosotros, nuestra identidad: arraigada en el paso de los años, desarrollada a través de las muchas influencias recibidas a lo largo de nuestra historia”.

Para Santana, el resultado de la trayectoria de Déniz no es otro, que una herencia impregnada de color, simbologías que juegan con el espectador como si de un acertijo se tratase y el descaro de la libertad  que le dan sus labios sin sellar. Porque él cuenta lo que quiere y cuando quiere”.

Déniz no es amigo de lo obvio, es amante del pensamiento crítico y eso, es lo  que pretende con sus obras: plasmar la materialidad de los hechos a través de sus ojos, para que nosotros, en actitud contemplativa, aprehendamos todo aquello que nuestra psique pueda captar. Nuestro pensamiento es libre, él no pretende imponer su doctrina, sólo quiere invitarnos a interpretar.

Autodidacta

Los comienzos de Paco Juan Déniz se remontan a 1969, cuando solo contaba con 13 años de vida. Su talento se hizo evidente ante su maestro de escuela de la Vega de San Mateo, quien le animó a exponer sus obras por primera vez.

Nunca recibió clases de pintura, pero disfrutó de un entorno muy estimulante. Aunque no fuese una actividad habitual en una familia de clase media de las medianías grancanarias, sus padres le apoyaron sin reticencias para que se dedicara plenamente a la creación plástica. Además, su grupo de amigos estaba integrado por mentes inquietas con gusto por la pintura y la escultura. Los vientos alisios estaban a su favor.

Sus maestros, si es que podemos decir que los tuvo, estaban en los libros de arte, que observaba con ánimo didáctico y devoción. Cuando a la edad de 15 años decide marchar a Madrid conoció nuevos maestros: los cuadros de los grandes museos de la capital -su favorito, El Prado- que miraba y copiaba una y otra vez.

De este modo, a través de la experiencia, del ensayo y el error, fue encontrándose a sí mismo, creando una nueva especie conforme iba hallando nuevas semillas. Motivo de inspiración son pintores surrealistas nacionales e internacionales. Sin duda, sus predilectos son Yves Tanguy y Juan Ismael, aunque admira también a Max Ernst y René Magritte.

“Tiene un poco de todos, pero de ninguno a la vez, pues ha desarrollado un estilo único e inconfundible con el paso del tiempo”, afirma Aldara Santana para quien “si hay que describir su técnica, dos palabras dominan su ejecución: detallismo y pulcritud”.

Líneas limpias cual arquitecto, detalles dignos de los libros miniados de los monjes medievales, veladuras que lo hermanan con sus homónimos renacentistas, colores naífs que dan vida hasta al mayor de los dramas, simbologías que encierran un puzle onírico y fondos abigarrados cual altares barrocos.

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