Presa de Soria, la pila/bidón de Gran Canaria

Por Míchel Jorge Millares //

“El ingeniero de presas es el que más aspectos científicos, técnicos, administrativos y humanos debe abarcar. Las obras hidráulicas precisan conocimientos de estructuras y resistencia de materiales, sí, pero sobre todo de hidrología e hidráulica y también de geología y geotecnia, de ecología y sociología, sin olvidar ese don de gentes y ese ‘tacto fino’…”Fernando Sáenz Ridruejo (Revista de Obras Públicas. Mayo 2008).

La presa de Soria no fue pensada para convertirse en el eje fundamental de políticas energéticas y de aguas para Gran Canaria, pero la secuencia de su ejecución y la actualidad nos muestra la conversión del mayor embalse de Canarias en una infraestructura capaz de impulsar y regular el abastecimiento de energía y agua a la isla. Y es que esta presa tiene una apasionante historia, siempre con largos períodos de gestación y ejecución. Desde su inauguración en 1972, fue presa aislada y, cuatro décadas después, se ejecutó su integración en Trasvasur (el canal que une las presas del sur para llevar agua a zonas agrícolas del este y norte). Ahora es pieza fundamental de la central hidroeléctrica conjuntamente con Chira.

En 2022 tendrá lugar el cincuentenario de la inauguración de esta presa por el ministro Fernández de la Mora, una construcción en torno a la cual se crearon muchas expectativas para una infraestructura que nació con datos de récord para las islas y para el conjunto de España. Esta presa, con sus 132 metros de altura, figura en el puesto número 12 de la relación de presas de mayor altura del país y la octava si reducimos la lista a las de tipo bóveda, lo que hace de estas presas “piezas de importantes dimensiones, elevado coste y complicada tecnología”, según Fernando Sáenz Ridruejo, Ingeniero laureado por la Real Academia de Ingeniería española y autor de numerosos libros. Sin embargo, Sáenz advierte que la de Soria es la más desconocida de las presas españolas, en el prólogo del estudio histórico realizado por Jaime González Gonzálvez, autor de referencia sobre la historia de los embalses e infraestructuras hidráulicas en Gran Canaria, tanto en sus libros como en su blog iagua.

Sáenz recuerda que esta presa tiene su origen en los primeros proyectos de los años 30 del siglo pasado, pero su proyecto final se presentó en 1959 y su ejecución se realizó entre 1962 y 1972. Una década. Por su parte, el autor del libro achaca las complicaciones de la obra a la dificultad para encontrar los áridos adecuados para los hormigones de la presa, así como una orden de paralización ministerial por no cumplirse las rectificaciones establecidas. De hecho, en los informes finales hay una frase lapidaria: “Admitimos que la presa de Soria no es ningún buen ejemplo de estructura de bóveda”.

Tras destacar la importancia del trabajo realizado por Jaime González, Fernando Sáenz culmina su prólogo señalando su deseo de que “lleguen a buen puerto los estudios en curso, para un aprovechamiento complementario de esta presa, utilizando su vaso como depósito de un sistema hidroeléctrico de bombeo. La actual proliferación de la eólica y fuentes de energía que carecen de regulación, va a hacer cada vez más necesario el recurrir a la capacidad de las centrales hidroeléctricas para almacenar energía en las horas valle y suministrarla a la red en las horas punta”.

Esta frase es la que motiva el artículo, dado que el autor destaca la importancia de convertir infraestructuras de impacto paisajístico (cualquier acción humana tiene impacto, obviamente) para obtener el máximo aprovechamiento en sus posibles usos. Y esta presa se convierte en elemento fundamental para el proyecto de central  hidroeléctrica que dote a la isla de un ‘bidón’ que almacena agua y no aire, a la vez que actúa como una pila capaz de dar soporte al sistema eléctrico de la isla.

Otra de las características singulares de esta presa es que la iniciativa parte de una entidad privada: la Comunidad de Regantes de La Lumbre, presidida por un miembro de la familia condal, Pedro del Castillo y Bravo de Laguna, iniciativa fundamental para garantizar el abastecimiento de agua para las zonas de cultivo del sur de la isla y su posterior desarrollo turístico. Esto hace más sorprendente la iniciativa dado el elevado coste de la obra y la incapacidad del Cabildo para liderar este proyecto. La familia condal es promotora de otras infraestructuras hidráulicas como ‘la noria de Jinámar’, la enorme red condal para llevar agua a todas sus plantaciones, así como de la fábrica de cemento de Arguineguín y su cantera de puzolana en las proximidades.

El libro de Jaime González nos recuerda que en los primeros estudios sobre la viabilidad de esta obra participaron expertos extranjeros como el ingeniero Edmond Dardel, quien en 1933 comentaba que “La garganta donde se ha proyectado esta obra es una de las más notable y de las más impresionante que se pueda ver tanto al punto de vista de la configuración topográfica como al punto geológico. Creo que se trata ahí de un caso quizás único en estas islas y que a este sitio la naturaleza parece proponer y permitir la edificación de una obra de una amplitud inusitada”, por lo que se diseñó una propuesta de una presa de gravedad con planta curva y un muro de 90 metros de altura, lo que permitiría una capacidad de embalse de unos 11,7 millones de metros cúbicos (la capacidad actual es de casi el triple).

Para ello contaron también con Jacques Bourcart, un Docteur en sciences de prestigio internacional, quien visitó el barranco en 1933 acompañado por Edmond Dardel y Simón Benítez Padilla, por lo que Jaime González señala que “posiblemente se trate del primer estudio geológico realizado para la construcción de una presa en Gran Canaria por parte de un especialista”. El autor también me comenta que Benítez Padilla no podía imaginar lo que está en marcha en estos momentos, pero “fue quien hizo posible la construcción de Chira en vez de un tomadero, como estaba previsto, para luego enviar el agua hasta Ayagaures, pero hasta que llegó la iniciativa privada no se acometió el proyecto de Soria”.

Pero no sólo se encontraron con el problema de los áridos para el muro, sino también se advertía a comienzos de los años 50 del alto coste que supondría “la dificultad de ejecutar la obra del canal (desde la cota 510 del Barranco de Soria hasta El Tablero de Maspalomas”. Y eso se conocía perfectamente porque durante siglos se había realizado todo tipo de canalizaciones, de tal modo que -hasta el año de inauguración de la presa de Soria-, “se había construido en la isla de Gran Canaria unos 152,7 kilómetros de canales y unos 534 kilómetros de tuberías. Auténticos trasvases de agua. Y patrimonio histórico”, señala González Gonzálvez, porque en la isla ya se habían realizado más de 7.000 obras hidráulicas entre presas, pozos, estanques, galerías, minas y conducciones. Una lucha titánica para obtener agua desde antes de la conquista.

Aún así, había quedado claro que las condiciones del terreno estudiado en el barranco de Soria eran excelentes, ya que en 1958 se presenta un proyecto que desplaza la instalación más abajo del barranco, según recoge el informe del ingeniero José Luis Fernández Casado, quien señala que el barranco de Soria reúne excelentes condiciones para establecer un embalse, tanto por lo que respecta a la impermeabilidad del vaso como a las condiciones de la cerrada. Puede decirse que el problema fundamental que se plantea es el derivado de la construcción de una presa de cierta importancia, cuya altura debe ser limitada prácticamente por las condiciones topográficas de la cerrada”.

Entre los impactos y acciones desarrolladas por y desde la obra, destacamos que aguas abajo se extiende unos 200 metros un gran depósito de hormigón y rocas, escombros y materiales sobrantes de la ejecución de la obra, desde hace casi 50 años, en diferentes etapas. Asimismo, se construyó una pista de 26 kilómetros para llegar hasta la obra con la maquinaria y equipos. De hecho, la obra precisó de las siguientes instalaciones: Grúas Derrick venteadas, torre de hormigonado, silo de cemento, silo de áridos, silo de arenas, estación de machaqueo de áridos, estación de clasificación de áridos, central eléctrica con grupos diésel, depósitos de agua, redes eléctricas, laboratorio y oficina, azud para toma de agua y estación de bombeo. De hecho, las características de la obra según las estimaciones realizadas por Macau Vilar, señalaban que sería necesario excavar más de 45.670 metros cúbicos en roca y unos 3.000 en acarreos; la previsión del volumen de hormigón previsto fue de 9.000 metros cúbicos en cimientos y otros 145.000 metros cúbicos en el cuerpo de la presa.

No obstante, en los diferentes boletines de obra se recoge que se tuvo que demoler -y verter en el barranco- varios miles de metros cúbicos de hormigón ejecutado en el cuerpo de la presa debido a que las pruebas realizadas demostraban que había que dar mayor margen de seguridad a la resistencia, tal como se advertía desde un principio por la dificultad de encontrar los áridos adecuados para hormigones. De hecho, la cantera que se encontraba dentro del vaso de la presa se agotó (y desechó en parte por su baja calidad), por lo que se inició la explotación de una nueva cantera en el barrio de Barranquillo Andrés, cuya calidad era superior. De los 3.000 metros cúbicos de hormigonado al mes que se venían ejecutando, se pasa a los 4.500 / 5.000 metros cúbicos al mes.

Jaime González publica en su blog otro trabajo sobre esta presa y las vicisitudes que tuvo para lograr información en 2011. Un proyecto tan importante para la isla, debe brillar por una transparencia exquisita en su tramitación, por lo que se ha establecido en este verano tras el confinamiento por la Covid-19 un periodo de información pública que fue prorrogado, así como se ha realizado una serie de condicionantes a la empresa que ejecutará las obras como es el soterrado del cableado que debía discurrir por parajes naturales por su impacto paisajístico. Cuestiones que son demandadas y uno de los fundamentos de las críticas de diversos colectivos, junto al del uso de grandes cantidades de explosivos para la construcción de la central próxima a la presa de Soria.

Como en casi todas las acciones, hay detractores y defensores. En este caso, la polémica afecta al uso de dos grandes obras de ingeniería como son las presas de Chira y Soria, en un momento en el que Gran Canaria debe garantizar su soberanía energética y el abastecimiento de agua ante las amenazas del cambio climático, con medidas que contribuyan a frenarlo y dar sostenibilidad al sistema. Los aprovechamientos de energías eólica, solar, maremotriz e hidroeléctrica pueden crear una combinación que garantice esos suministros a una población que se ha multiplicado por diez desde que comenzara a hablarse de construir una presa en el barranco de Soria, o el triple, desde que se culminó la obra… Las posiciones se enfrentan en torno a una oportunidad de contar con un recurso energético de gran importancia, y la amenaza de los impactos sobre un territorio en el que la naturaleza se desarrolla a su ritmo.

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