Para Teresa

 

Santiago Gil  //

Hay quienes aseguran que que Para Elisa era realmente Para Teresa, que Beethoven tenía muy mala letra y que los copistas confundieron un nombre con el otro cuando la publicaron después de que hubiera muerto el compositor alemán.

Uno no sabe cuántas confusiones similares se habrán propagado a los largo de los años, cuántas medias verdades o medias mentiras, cuántos títulos que no eran los que quería el compositor o el novelista de turno, y cuántos plagios o atribuciones falsas no nos habrán llegado hasta nuestros días.

Si ahora escucháramos la composición de Beethoven pensando que es para Teresa nos quedaríamos traspuestos, y yo creo que ni la música sonaría de la misma manera. Y además imagino a Teresa, si llegó a conocer el error, pensando siempre que esa música que era para ella se la iban a quedar todas las Elisas del mundo, o que cualquier Elisa cercana al músico alemán pasaría como su gran amor. Porque hasta en los amores ha habido mucha falsedad a lo largo del tiempo.

Los que se aman solo lo saben entre ellos, todo lo demás es pose, simulación o recreación de lo que sucede puertas adentro sin más testigos que los poros y esa mirada que nunca engaña en el espejo en el que se miran los enamorados.

La misma Mona Lisa sigue siendo un misterio, y hasta uno duda de que Dante viera pasar a Beatrice solo unos segundos por las inmediaciones del puente Vecchio. Al final el enamorado más cuerdo era Alonso Quijano, que veía a Dulcinea donde necesitaba verla y la recreaba en la cara de cualquier aldeana que se tropezara por la manchega llanura.

Mientras escribo vuelve a sonar Para Elisa como lo ha hecho siempre, sin que todavía se hubiera cruzado ninguna Teresa entre la música y esa mujer que llevamos imaginando desde la primera vez que escuchamos esa bagatela. Nunca podría imaginar la música de Yesterday siendo Tomorrow, ni el Mediterráneo de Serrat como si fuera el Báltico o el Mar Negro.

La canción de los Beatles suena a nostalgia desde el primer acorde, y los ecos del cantante catalán nos trasladan sobre la marcha al azul de las islas griegas o a esas aguas que besan algunos templos en el sur de Italia.

Para Beethoven esa música era la presencia de Teresa, el candor de sus palabras, la ternura de su mirada y hasta el tacto de sus manos si alguna vez la tuvo entre las suyas o si soñó con besarlas como se sueñan las manos de todos los amores imposibles.

Y escribo imposible porque dicen que Beethoven dedicó ese pieza a Therese Malfatti von Rohrenbach zu Dezza, de quien estaba enamorado. Ella, sin embargo, prefirió el amor de un funcionario austriaco. Quizá por eso el destino borró su nombre, o el propio Beethoven reescribió la dedicatoria en el último momento para que la confundieran los copistas. En su cabeza, sin embargo, esa bagatela para piano seguiría sonando siempre Para Teresa.

 

Ciclotimias

La duda es un estado de constante transparencia.

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