Ned Blackbird

Santiago Gil //

Volver a la ficción para regresar a nosotros mismos, a esos adentros que olvidamos, a la palabra que dice mucho más de lo que vemos y que siempre dice algo distinto en cada regreso. Un libro es un paso adelante, unas horas fuera del ruido y de los mendaces discursos, lejos del bullicio de los canales de televisión y, por supuesto, lejos de esa falsa profundidad de las redes sociales y sus muchas circunstancias, y no digamos sus muchos sabios que ni han leído, ni han viajado, ni han pensado nunca más allá de sí mismos.

Estos días me pude acercar a un libro que tenía pendiente hace tiempo. Da lo mismo lo que haya tardado porque este libro se quedará cuando nosotros ya no estemos. También demuestra lo que muchos decíamos de Alexis Ravelo. En novela negra es un gran escritor, más que reconocido con premios y críticas en los principales medios.

Pero al igual que José Luis Correa o que Antonio Lozano, para mí Ravelo es un escritor sin género, un creador que maneja prodigiosamente el lenguaje, esa voz de la calle y del alma que tantas veces ignoramos y, sobre todo, es un creador de historias que nos terminan atrapando inevitablemente. Hace años me envió un correo electrónico con el primer borrador de La otra vida de Ned Blackbird.

Entonces no se titulaba así, pero cuando la lean descubrirán que esa novela lleva muchas otras novelas en sus adentros. Todo se vuelve ficción porque la ficción es al final nuestro único asidero. Uno entra en un espejo y sale siendo otro en su parte opuesta, y así vamos atravesando años y páginas, en la vida y en los libros, pero en los libros, como en esta maravillosa novela, uno aprende a no perder el norte de esa vida que se nos escapa cuando no nos la cuentan. No es fácil escribir un libro como el que ha escrito Alexis Ravelo.

Requiere muchos años de lectura, mucho trabajo de andamiaje previo, un dominio de esa estructura sobre la que se sostienen o se vienen abajo las novelas.

No les voy a contar nada del argumento, o sí, les diré que se irán reconociendo en la mirada de los distintos personajes: son reales y ficticios al mismo tiempo, casi como nosotros, aunque en este caso la trama se va enredando de tal manera que uno no puede dejar de leer hasta que llega al punto y final, y cuando llegas a ese supuesto final de viaje no haces más que regresar nuevamente a los ecos que te han quedado de todas las páginas previas.

Por eso digo que esta novela de Ravelo quedará para siempre, como quedarán otras que ha escrito y como seguirá quedando con lo que siga escribiendo. Nunca abrí aquel archivo que me envió hace algunos años. No me arrepiento. Cuando lean este libro verán que todo tiene un sentido más allá de las evidencias. De fondo alguien teclea todo el tiempo en una vieja máquina de escribir. Nos está contando. Siempre nos cuentan. Da lo mismo que sigamos respirando.

Ciclotimias

El átomo también es un punto suspensivo.

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