Mejor suspender el Festival de Música

José Miguel Gonzalo Rodríguez   //  Tras dos semanas de ausencia en las islas, me encuentro con un temporal de “lluvia” (de opiniones) sobre el XXXIII Festival Internacional de Música de Canarias que aconsejan (como cuando llueve en un espectáculo al aire libre) su suspensión o una profunda reforma de lo programado, que a estas alturas resulta casi imposible por falta de tiempo.

Partiendo del concepto de lo que es un Festival de Música en la Europa actual, podemos decir que el nuestro tal y como se ha programado para 2017 -que es el primero de la temporada de invierno en Europa- no encaja en lo que cualquier aficionado de música entiende como un Festival, ni reúne suficientes condiciones de prestigio y calidad.

Nada pasaría porque se suprimiese (como un penoso paréntesis, propio de la estulticia política que ha presidido la gestión del Festival) frente al riesgo del ridículo que corremos con el desatino que se ha programado.

Si se desea mantener lo programado se debería -a mi entender- llamar de otra manera y no manchar el prestigio adquirido con tanto esfuerzo por nuestro Festival. No pasaría nada -por muy lamentable que sea – hacer un paréntesis de un año. Mejor eso que lo contrario: “mantenerla y no enmendarla”. Pero antes de mantener el programa presentado habría que valorar si la utilización del dinero público para este ensayo “pedagógico” (¡!) está justificada con tantas otras necesidades culturales, sociales o de infraestructuras que tenemos sin cubrir en nuestra tierra. Desde luego no estoy de acuerdo ni con el viceconsejero de Cultura ni con el coordinador del Festival con que el Festival sea un marco para la pedagogía musical, habiendo como hay varios conservatorios, escuelas de música y orquestas donde se hace verdaderamente y de forma profesional “escuela” de la música en nuestras Islas. ¡Ese es su marco apropiado!

He aprendido desde niño a amar a la música en sus distintos géneros. Tuve la suerte de cursar música, historia de la música, solfeo y a tocar un instrumento durante el bachillerato. Y nunca la música ha sido tarea profesional mía salvo la crítica o el comentario periodístico. Cuando voy a un Festival de Música voy a escucharla no a aprender. ¡Ya en Suiza por referéndum se ha aprobado hace unos meses la reforma constitucional para que la música forme parte del currículum del bachillerato! Me asombra la ignorancia política que he visto estos días en las encontradas opiniones sobre nuestro Festival de Canarias. La música clásica “tradicional” -por llamarla de alguna manera- no es elitismo ni cosa del pasado. ¡Quien esto dice o piensa no conoce la realidad!. El legado que hemos recibido de los grandes compositores europeos es algo vivo y perdurable. He visto en capitales europeas o nórdicas cómo acude la gente joven y madura -sin distinciones- a conciertos semanales o Festivales y no se consideran casta de la música. ¡Son cultos y sensibles! a una de las componentes más bellas de nuestra cultura occidental: la música clásica. ¡Solo desde el desdén, del desconocimiento e ignorancia se pueden decir las tonterías que he rescatado de los artículos y opiniones de estos días!

Por abundar en otros argumentos que me he encontrado en las últimas horas hablando con distintas personas que me han comentado como “problema” que como en Canarias hay que subvencionar los conciertos o los Festivales estos tienen que ser más populares? ¿Y en Austria y también en la tan culta Alemania podría subsistir la música clásica sin ayudas de la administración o patrocinadores? Sin duda sería inviable sin esas ayudas. ¡Quiza nuestros políticos desconocen la política de subvenciones necesarias de la música clásica en estos países por muy profunda tradición musical que tengan! También me pregunto: ¿ serían viables los niveles de calidad y asistenciales de la medicina sin la ayuda pública? Se me dirá que no es lo mismo una cosa que la otra. Pero deberé contestar que el argumento de fondo es el mismo.

No quiero entrar en el rudo debate sobre lo programado, pues supongo deberá sufrir alguna importante reforma o su anulación. Sólo con rapidez voy a ir a alguna idea gruesa.

Efectivamente del “Festival” programado (que debe ser sobre todo sinfónico si miramos los mejores modelos) desaparece casi por completo la música sinfónica.

La Mahler Chamber Orquestra no se puede considerar una orquesta estable, pero si buena, cuando cuenta con su “primera división”. ¿Quíenes y cuantos de sus músicos están programados para su visita a nuestro Festival? La Orquesta del Mozarteum de Salzburgo es de muy corta plantilla que rara vez ha aparecido en programaciones de festivales en Europa y si en circuitos paralelos o de apoyo de programaciones. ¡Sin desmerecer a esta orquesta, no estamos ante un conjunto estelar como se nos quiere hacer entender!. Se nos dirá que la suma de las dos sinfónicas canarias si es sinfonismo del bueno. Pero no se nos han explicado el problema va a tener Joan Pons -que no conoce bien a los dos orquestas isleñas- para seleccionar los primeros instrumentos del ambicioso concierto que se pretende con esta “dificil suma” que puede ser una resta si no sale bien la operación. Y lo peor: ¿Cómo y cuantos componentes van a ensayar de los coros que están compuestos por personal muy loable pero no profesional para poder cantar en las dos provincias canarias? Acaso se va a improvisar , sin ensayos suficientes, como nos tenemos.

A quien se le ocurrió la “feliz idea” de incluir nuestras admiradas pero mermadísimas bandas municipales en un Festival Internacional de Música de Canarias con pretendido prestigio europeo. ¿Acaso me pueden contar cuantos Festivales de nivel europeo programan música de bandas municipales? No será mejor dejar las bandas para competir en programaciones con otras bandas en el levante español, como ya han hecho con brillantez o en los mismísimos Estados Unidos, pero con otras bandas municipales.

Aquí entraríamos en lo que debería ser el objeto del debate social sobre nuestro querido Festival: la calidad. ¡Cuánto le debemos -por encima de sus personalismos- en desvelos y trabajo eficaz de calidad en pro de esta cita canaria con la buena música a Rafael Nebot! Es verdad que fueron años de “abundancia”. Pero la suficiencia presupuestaria fue bien administrada. Y se logró el prestigio y envida de muchos con un Festival de calidad. Luego vinieron las penurias. Y cuando nadie daba “una perra gorda” por Candelaria Rodríguez y su capacidad para administrar más que dinero un presupuesto “miserable”, su ingenio y capacidad de negociación supo mantener la “calidad” (verdadero marchamo de la música clásica) con un Festival Internacional mermado en conciertos pero siempre con el gancho y atractivo de grades figuras y orquestas. ¡Incluso se llegó a un pequeño superávit económico y varios “no hay entradas” o a muchos aforos casi completos en Las Palmas y un poco menos en Tenerife!

Ah? y otra cosa, que nos expliquen: ¿Por qué Benigno (Nino) Díaz no cobra un sueldo de Canarias Cultura en Red por sus labores de coordinación del Festival como su antecesora, y lo hace cobrando unos 34.000 euros como asesor del Vicepresidente del Parlamento de Canarias, su paisano David de la Hoz? Ante tanta chapuza y desatino -y lo digo con profundo dolor- ¿no sería mejor suspender este 2017 el Festival Internacional de Música de Canarias?

FUENTE.- Diario La Provincia.

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