‘La máquina de Turing’ irradia la fuerza de su inventor este fin de semana en el Teatro Cuyás

  • Dirigida por Claudio Tolcachir y protagonizada por Daniel Grao y Carlos Serrano, la obra gira en torno a la ‘enigmática’ figura de quienes muchos consideran padre de la informática
  • Alan Turing, cuyo final resultó tremendamente trágico, contribuyó de forma decisiva a la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, un mérito que ha tardado mucho tiempo en serle reconocido

El director de éxitos como ‘Todos eran mis hijos’, ‘La omisión de la familia Coleman’ o ‘Copenhague’, el argentino Claudio Tolcachir, regresa con ‘La máquina de Turing’, que este fin de semana (viernes y sábado, a las 20.30 horas) se exhibe en el Teatro Cuyás.

Tolcachir dirige en esta ocasión a Daniel Grao, que triunfa también en la serie de TVE ‘H.I.T’, y a Carlos Serrano, en una obra sobre Alan Turing, considerado por muchos el inventor del ordenador por aportaciones como la máquina lógica que lleva su nombre.

Turing, matemático inglés que, además, pasará a la historia por descifrar el código de Enigma, la máquina con la que los nazis encriptaban sus mensajes durante la Segunda Guerra Mundial, acabó suicidándose tras ser condenado por su condición de homosexual, la cual fue destapada tras un robo sufrido en su vivienda, porque, cuando detuvieron al ladrón, éste denunció como cómplice a un antiguo amante del científico.

Pese a su contribución a la victoria de los aliados en la contienda, las autoridades invocaron una ley de 1885, la misma por la que se condenó a Oscar Wilde en 1895, y Turing pasó de víctima a “criminal”, teniendo que someterse a un humillante tratamiento de castración química. Solo soportó dos años de condena. Después, murió intoxicado por cianuro, comiendo una manzana que, al más puro estilo de Blancanieves, él mismo se encargó de envenenar.

El texto, escrito por de Benoit Solès a partir de otras obras basadas también en la apasionante vida de su protagonista, forma parte de un proceso que ha durado décadas pero que, al fin, ha permitido limpiar su imagen, resituando a Turing en el lugar que siempre mereció en la Historia.

En ese sentido, no fue hasta finales del siglo XX cuando, con el desarrollo de la Informática, la divulgación de detalles sobre las operaciones llevadas a cabo durante de la Segunda Guerra Mundial y la eliminación de tabúes sobre la homosexualidad, se le ha reconocido realmente.

El físico y ensayista Jean-Marc Lévy-Leblond, impulsor del homenaje colectivo ‘Cartas a Alan Turing’, nos recuerda: “Algunos de los “faros de humanidad”, como diría Víctor Hugo, llevan su luz a gran distancia casi de inmediato: el mismo Hugo, Einstein o Picasso, por ejemplo. Otros esperan pacientemente a que las generaciones futuras detecten su radiación, largamente oculta. Alan Turing (1912-1954) es de estos genios tardíamente aclamados por las trompetas de la fama popular’.

Quienes deseen conocerlo y someterse a la fuerza de esa radiación, pueden asistir a las funciones de ‘La máquina de Turing’ previstas en el Teatro Cuyás el viernes y el sábado a las 20.30 horas.  Las entradas pueden aún adquirirse en la taquilla de este recinto del Cabildo, ubicada en la calle Viera y Clavijo de la capital grancanaria, y en su página web: www.teatrocuyas.com.

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