La explicación a la tibieza de España frente a Marruecos en la crisis de Ceuta

Aunque era previsible, atendiendo a los precedentes, no deja de ser llamativa la excesiva cautela del Gobierno español a la hora de referirse a Marruecos, que alude al asunto de Ceuta como una crisis migratoria que vincula a “muchas circunstancias”, especialmente derivadas del reto demográfico asociadas a cuestiones humanitarias y socioeconómicas por la pandemia. Circunstancias “múltiples y muy complejas”, por lo que Grande-Marlaska ha indicado que “vamos a ser prudentes en las conclusiones cuando se habla de retos demográficos y crisis migratorias”. “Se está trabajando en alta diplomacia y en el diálogo con este país y tienen que ser conversaciones discretas”, ha completado Montero, añadiendo que la diplomacia también se está realizando de forma multinivel en el seno de la UE.
 
Todo el mundo sabe, sin embargo, que detrás de esas circunstancias, que también son ciertas, lo que hay en realidad es un gobierno marroquí envalentonado por el apoyo incondicional que recibe de EEUU. Y es que en pleno conflicto diplomático por la crisis desatada en Ceuta, la Casa Blanca, a través del secretario de Estado, Antony Blinken, ha llamado al ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita, para conversar sobre la situación en Israel y Gaza y sobre «la importancia de la sólida relación bilateral y el papel clave de Marruecos en el fomento de la estabilidad en la región».
El portavoz del departamento de Estado, Ned Price, Blinken y Bourita «discutieron su preocupación compartida por la violencia en Israel y Cisjordania y Gaza, que se ha cobrado la vida de civiles israelíes y palestinos, incluidos niños. El Secretario destacó la importancia de la sólida asociación bilateral y el papel clave de Marruecos en el fomento de la estabilidad en la región». Ni una sola mención, ni una palabra, al conflicto desatado por la relajación de las fronteras con España y la llegada masiva de inmigrantes indocumentados.

Hay más: la revista Axios ya informaba el pasado 30 de abril de una llamada telefónica del Gobierno de Estados Unidos a sus homólogos en Marruecos. Sirvió, entre otras cosas, para explicar que el presidente, Joe Biden, no tiene intención de revertir el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara.

Una consideración histórica, por la que Donald Trump apostó a cambio de que Marruecos estableciera relaciones diplomáticas con Israel, cosa que hizo, en la estela de Emiratos Árabes, Bahrein y Sudán. Quid pro quo. Llegados a este punto, y con Washington muy presionado por los acontecimientos en Gaza, nada más ajeno a su intención que desestabilizar las alianzas del socio israelí.

Axion también recordó que durante los tres primeros meses del gobierno Biden apenas hubo contacto con Rabat. Hasta que a mediados de abril el hombre del presidente para Oriente Medio, Brett McGurk, habló con Bourita. Según el periodista Barak Ravid, que firmó la exclusiva, el diplomático estadounidense le transmitió la intención de mantener intacta la política de Trump. Un espaldarazo para Marruecos, cuyo gobierno había contemplado con resquemor la hipótesis de que los demócratas desmantelaran las líneas claves propuestas por el anterior ejecutivo.

Igual que en el caso de China, Biden parece decidido a aprovechar algunas de las innovaciones de Trump en materia exterior; incluso a pesar de que moleste al ala izquierda de su partido. El periodista Ravid también escribió que el secretario de Estado, Blinken, «dio la bienvenida a los pasos de Marruecos para mejorar las relaciones con Israel y señaló que la relación Marruecos-Israel traerá beneficios a largo plazo para ambos países».

Todo esto es un aviso a Canarias. Poco puede hacer España frente a estas bravuconadas de Marruecos, amparados por EEUU, salvo agachar la cabeza y, encima, pagarle los gastos.

Esta semana, el gobierno español ha aprobado 30 millones con destino a Marruecos para reforzar las fronteras.

Sin comentarios.


*Fuentes: El Confidencial y La Razón.

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