La escritura curva de Santiago Gil

Emilio González Déniz // Acaba de ver la luz La costa de los ausentes, la más reciente novela de Santiago Gil.

Santiago Gil, un escritor en espiral

sG22.JPGEn la recién publicada novela La costa de los ausentes, aparecen como en gran resumen todas las características narrativas de Santiago Gil. La obra es un péndulo de tres dimensiones en espiral, que se mueve alrededor de impresiones desde diversas perspectivas. Es lo contrario a una historia que se construye con trozos de aquí y de allá y al final todo encaja como en un puzle. La costa de los ausentes se lee como una novela lineal, y viene a ser un puzle que salta por los aires en las manos del lector, que tendrá que decidir por sí mismo cuál es la verdadera historia que se cuenta, y que en cada lector se definirá por su propia manera de ver el mundo, no porque lo haya determinado el novelista.

La costa de los ausentes es una construcción muy inquietante, porque hace que nos preguntemos si lo que sucede a nuestro alrededor es como lo vemos o se trata solo de nuestra impresión, que puede ser diferente a otras formas de entender un mismo hecho, que encima tal vez ni siquiera ha sucedido aunque lo tengamos por cierto. Estamos hablando, por lo tanto, de un ejercicio literario muy osado, que el autor afronta sin miedo porque se mueve en aguas en las que navega y nada a la perfección. El resultado final es redondo, porque ese péndulo que es también espiral se ha adueñado del lector y hace que incluya los mimbres de la novela en su propia vida, cuestionándose su contacto con lo que llamamos realidad. Es como un medicamento, empieza a hacer efecto minutos después de haberlo tomado. Y un mérito más que añadir a un texto tan ambicioso es que se lee con la facilidad de una novela del quiosco. Porque el trabajo está en la estructura y en cómo se configuran los planos narrativos, un mecanismo que es muy complicado construir para que sea muy fácil usar.

SG11.JPGEs necesario hablar de los escenarios de la novela y del sustrato autobiográfico que aparece. Quienes conocemos a Santiago sabemos que siente una fascinación especial por los personajes de Stendhal, aunque tampoco es lejano a Flaubert y su famosa frase “Madame Bovary c’est moi”. Por lo tanto, las novelas de Santiago Gil son todas autobiográficas. Y es que no puede ser de otra manera, porque en su periscopio lleva una grabadora y presta su memoria a los personajes y a las situaciones. ¿Quiere esto decir que nos cuenta su vida, o parte de ella en sus novelas? Rotundamente no. Sin embargo, en esta novela, las ambientaciones de Londres, El puerto de las Nieves, Las Palmas de Gran Canaria, Nueva York o el banco de la madrileña Plaza de Olavide no se han escrito de oídas. Son reales, se siente su pálpito, se respira su olor, y esto no es posible si no se ha vivido con intensidad en esos escenarios. Santiago presta a sus personajes, especialmente a Nieves, el eje de la novela, sus vivencias. Y en este sentido sí que hay elementos autobiográficos, porque sentimos Famara, Madrid o Agaete como los siente él. Y de este modo se expone, tendencia inconsciente de todo mirón, y el que mira la vida sabe que también la vida lo mira a él.

Se pudiera pensar que, en su calidad de autor de libros de poesía, es una novela de poeta. La respuesta también es rotunda. Sí. Lo es esta, lo son las demás novelas de Santiago y todas las novelas que merecen la pena. No se puede escribir una buena novela sin mirada poética, la prosa o el verso son instrumentos secundarios, pero el ojo que está detrás del periscopio es el mismo. En definitiva, La costa de los ausentes, es justamente una nueva fundación de Santiago Gil, realizada desde voluntades contradictorias de los dioses, que nos lleva al solipsismo de pensar que lo que creemos que ocurre es producto de nuestra propia mente, y que, como en el calderoniano monólogo de Segismundo, nada existe fuera de nosotros y todo es un sueño. Evocando al gran Facundo Cabral, quién sabe si en realidad somos solamente personajes de una novela escrita por un loco. En todo caso, no estaría mal que el loco que escribiera la novela en que vivimos fuese Santiago Gil.

NOTA.- Publicado en Canarias7

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Presentación Santiago Gil Costa de los ausentes.pdf

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