La arqueóloga María Antonia Perera cuestiona el proyecto de Chillida en Tindaya

La tesis doctoral de la arqueóloga María Antonia Perera supone una “enmienda a la totalidad” de proyecto del fallecido escultor, según ha declarado en una entrevista al diario La Provincia.

La arqueóloga María Antonia Perera, después de treinta años de investigación, presentó su tesis doctoral en la Universidad de La Laguna sobre el territorio de Fuerteventura y su relación con Tindaya. En su investigación, calificada de sobresaliente cum laude, Perera demuestra la sacralidad de la Montaña de Tindaya de forma científica. Esta arqueóloga apuesta por mostrar la idea de Chillida en el interior del Museo de la Casa Alta, pero como un proyecto de realidad virtual.

Explica la arqueóloga que “en la tesis se aborda la Montaña de Tindaya como epicentro que vertebra la arqueología mágico-religiosa del norte de Fuerteventura. Tindaya está dotada de unas características físicas exclusivas, tales como, gea, color, forma, altitud, aislamiento, perímetro llano alrededor y el que sea una montaña, y causales ya que por ellas existe un revelador número de grabados rupestres podomorfos, piedras hincadas, acumulaciones de piedras, suelo fértil, que son unidades arqueológicas susceptibles de estudiarse. También exploramos la hipótesis de que las manifestaciones rupestres respondan a un fundamento chamanístico y que su función se perfile bajo esta práctica hechicera”.

Y añade: “Como territorio santo, la Montaña influye en el entorno circundante, organizando el espacio afectado por la santidad de la propia Montaña. El área que rodea a la Montaña Tindaya es sagrada, en tanto en ella persiste la hierofanía que la consagra. A la vez la consagración de este espacio influye en las personas que se encuentran en él. Así, toda persona que frecuente, viva o nazca en un territorio sagrado queda contagiada por él, por sus características, pudiendo ser considerada una reencarnación de un ser superior. Los estudios etnográficos modernos demuestran que la mayor parte de las culturas tradicionales no tienen una actitud muy diferente a la que estamos narrando. La diversidad de tipologías de huellas de pies, sus diferentes medidas, tratamiento técnico, lugares en los que se ubican, etc., refleja su variada autoría y su dilatada temporalidad a lo largo de la vigencia de la cultura aborigen”.

“De cualquier forma entendemos que lo que ahora se designa arte, la sociedad aborigen en origen no lo consideró por su valor estético, sino práctico. Se graban las imágenes para evocar lo sobrenatural y ello constituye aspectos intangibles de la cultura maxie. Y, los grabados de esta montaña, como la totalidad de las intervenciones rupestres de Fuerteventura respondieron a actos de subsistencia y de estabilidad, y no al estricto apartado de las creencias. Por ahora, el hecho más relevante de la Montaña Tindaya es la presencia de una relevante cantidad de grabados figurativos. Se trata de la reiteración de un motivo con el que la cultura aborigen sacraliza el territorio. Los grabados no existen porque en la cima haya bloques de piedra susceptibles de grabarse, sino porque existe esa montaña que personaliza un aspecto de la religión aborigen, pero su interpretación más certera es el resultado de su articulación en el sistema de creencias en la vida cotidiana, el papel social de la imagen podoforma. Las huellas de pies cargadas de poder y en cierta manera bajo su protección sustentaban el sistema político de jefatura, que pertenecía a un mismo sistema general de creencias chamánicas”.

Dice además María Antonia Perera que “teniendo en cuenta el conocimiento que se tenía sobre esta montaña antes de comenzar nuestros trabajos, advertimos que desde que se dio a conocer por parte de Pedro Carreño se suceden las investigaciones sobre ella, ya que desde ese momento ya se sabe que es un lugar excepcional. Miryam Cortés, Mauro Hernández, Dimas Martín, Demetrio Castro, etc. se dedican a su estudio. Nuestra investigación comienza en 1984 cuando con el desarrollo del Avance de la Carta Arqueológica de Fuerteventura advertimos que además de las figuras grabadas que identificaron las personas citadas, habían otras que no fueron tenidas en cuenta, probablemente por la dificultad que existe de observarlas durante el día. Por ello, comenzamos a estudiar la montaña durante la noche utilizando para localizar siluetas de pies luz fluorescente en posición rasante. Ello nos llevó a identificar cerca de trescientas figuras de pies y demás unidades arqueológicas en la propia montaña, en su base y en el norte de la isla que tienen sentido por la presencia de la Montaña Tindaya”.

A la pregunta de si con este nuevo conocimiento científico, puede llevarse a cabo el proyecto de Eduardo Chillida en la Montaña Tindaya, la arqueóloga contestó que “solo podría hacerse obviando y tergiversando las leyes, abusando del poder, haciendo mal uso de las competencias en materia de patrimonio cultural y natural, en definitiva humillando esta expresión de la cultura aborigen y con ello al patrimonio aborigen que ostentamos como ciudadanía heredera del pasado. Las administraciones públicas deben velar por su conservación y garantizar el uso y el disfrute de este patrimonio por parte de la ciudadanía”.

Por otro lado, negó que tenga encaje legal el proyecto. “Ninguno, dijo. Se trata de una Zona Arqueológica, que solo puede ser explotada a través de un parque arqueológico en el que no cabe la ejecución de la obra de don Eduardo Chillida Juantegui”.

Con respecto a la Fundación recién creada por el Gobierno Canario y el Cabildo Insular de Fuerteventura y la familia Chillida para llevar a cabo el proyecto, comenta que este “necesita un presupuesto inicial según Estudios Guadiana de 76 millones de euros sin contar con los más los 30 millones de dinero público ya gastados. Creo que no son capaces de poner fin a la corrupción y plantear una salida inteligente a esa locura de proyecto, especialmente en la situación de recortes que vivimos”, finalizó.

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