Julio López Hernández en la muestra del Thyssen “Realistas de Madrid”

Madrid, 10 ene (EFE).-“El realismo ha tenido un reconocimiento empequeñecido”, dice el escultor Julio López Hernández, que inaugura el jueves la exposición “El camino inverso” en la Academia de Bellas Artes, esculturas y dibujos que coincidirán a partir de febrero con otras de sus obras en la muestra del Thyssen “Realistas de Madrid”.

La exposición, comisariada por Marcela López, hija del artista, y organizada con la colaboración de la Fundación Banco Santander, muestra el camino desde la escultura a la idea plasmada en los dibujos y ha crecido en los últimos años como homenaje a su esposa, la pintora Esperanza Parada, fallecida en 2011 y encarnada en una de sus últimas esculturas, una koré de inspiración griega.

El misterioso y mágico estudio de Julio López (Madrid 1930), habitado por las esculturas y dibujos y abarrotado de las vidas interiores de sus personajes, se ha trasladado así hasta el 6 de marzo a la Academia de Bellas Artes de Madrid, a la que el artista regresa 67 años después de su ingreso en la escuela con 90 dibujos, 31 esculturas originales y 16 medallas.

La exposición se complementa con el libro “Notas a pie de obra”, con textos en los que recuerda las vivencias que tuvo cuando hizo las esculturas y que enlaza con la observación de la vida.

¿Vuelve el realismo? “Un poco sí, indudablemente -asegura en una entrevista con Efe el artista, próximo a cumplir 86 años-. Al realismo se le ha reconocido, pero de una manera empequeñecida. Antonio López es indiscutible, claro, y poniendo a Antonio en su sitio parece que se reconoce a todo el movimiento”.

“Pero yo creo que mas allá de reconocer a un artista, lo que es importante es ver si una escuela deja alguna huella para que se siga por esa línea. Yo creo que ha sido así”, añade.

Julio López Hernández y el pintor y también escultor Antonio López, amigos desde los tiempos de la Escuela de Bellas Artes, son las cabezas visibles del Grupo Realistas de Madrid, que resistió en los años cincuenta el empuje de la abstracción de El Paso, y renovó la figuración con el ‘realismo trascendente’, al que el Museo Thyssen dedica desde el 9 de febrero una exposición.

“Es de agradecer que, efectivamente, un Museo que está haciendo una revisión histórica de los momentos más importantes del arte contemporáneo, no solo español, sino internacional, haga, después de Munch, una presentación del Grupo Realistas de Madrid para ver cómo lo interpreta la sociedad, me parece que es dar una oportunidad muy importante y muy interesante”, explica el escultor.

Marcela López Parada, comisaria y también protagonista de varias obras de la exposición, insiste en esta idea: ” Me gustaría destacar la sensibilidad de la Academia y reclamar la atención de las instituciones, tanto públicas como privadas, para una generación de artistas a la que últimamente han tenido un poco olvidada”.

“Dibuja a todas horas. ¡Dibújalo todo”, cuenta Marcela en el catálogo que le decía su padre de niña, ya que el dibujo es el origen en el proceso de ideación y guía y origen de nuevas ideas.

Y recuerda que Ingres nunca se desprendió de un pequeño y maravilloso apunte tomado de su esposa encinta, cuando esperaba un hijo que no llegó a nacer. “El dibujo le consolaba de su pérdida, ya que reservó la memoria de un futuro incumplido, pero no por ello menos valioso y soñado”.

La exposición se extiende a partir de febrero al Thyssen, en el que se mostrarán esculturas, cuyos dibujos se podrán ver en la Academia, como el de la joven Elena, “cargada de ese fardo que es la vida desarreglada que conlleva la modernidad”, en palabras de Bonet Correa en el catálogo.

La importancia del vacío en la esculturas de Julio López y las fragmentaciones la destaca el historiador del arte Victor Nieto Alcaide en el catálogo.

“Creo -dice Julio López- que lo que me ha hecho a mí fragmentar las figuras, dejar que parte del ser desapareciera, es la vida desarreglada, cuando las cosas tienen un valor completamente circunstancial y hay una carencia de plenitud de las cosas”.

Marcela, a la que se puede ver incorpórea en varios dibujos y obras, dice: “al ver las piezas colocadas en la sala y reconocerme a mí, a mi hermana, a mi madre hay mucha emoción. Él nos ha instalado en un espacio tiempo que es eterno y de alguna forma ahí estaba lo mejor de nosotros”.

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