Fallece en Ibiza el filósofo y ensayista Antonio Escohotado a los 80 años

El filósofo y ensayista Antonio Escohotado ha fallecido este domingo en la Policlínica Nuestra Señora del Rosario a los 80 años de edad en Ibiza, según han confirmado fuentes cercanas al pensador.

«Descanso en paz arropado por mi familia», señala además una publicación del filósofo en su cuenta de Twitter, manejada por su hijo.

Escohotado, nacido el 5 de julio de 1941 en Madrid, escribió más de una veintena de obras de una gran variedad de campos, aunque principalmente se centró en escribir sobre el derecho, la filosofía y la sociología. El también profesor universitario fue un habitual en tertulias de televisión y sobresalió por su postura contraria a la prohibición de la droga.

Entre sus obras destaca ‘Los enemigos del comercio’, ‘Caos y Orden’, ‘Hitos del sentido: Notas sobre la Grecia arcaica y clásica’ o ‘Aprendiendo de las drogas: usos y abusos, prejuicios y desafíos’.javascript:falsePUBLICIDAD 

El estudioso y librepensador publicaba en 2019 ‘Mi Ibiza privada’, unas memorias que recogían sus aventuras en la isla pitiusa y también desventuras, pues acabó en la cárcel de Cuenca donde escribió su mítica ‘Historia general de las drogas‘, tal y como relató a en una entrevista en ABC.

En esa misma entrevista miraba hacia un pasado en el que Jean-Paul Sartre y el Ché Guevara eran sus ídolos: «No me miro con ninguna compasión, fue una locura y ya está -confesaba-. Pero bueno, había que vivirlo también. Había que ponerle corazón, y se lo puse. A mí me hace mucha gracia que el comunista de salón, digamos tipo Rufián, me llaman chaquetero. Tiene verdadera gracia, allí te jugabas que te pegaran un tiro en cualquier momento y estos lo único que se juegan es ganar 8 o 10.000 euros al mes por rascarse la barriga. Sin embargo, emiten juicios morales sobre terceros, vaya por dios».

Librepensador, lenguaraz y desacomplejado, Antonio Escohotado no tenía pelos en la lengua. En los años setenta se fue a vivir a Ibiza -él fue el fundador y propietario de la célebre discoteca Amnesia- con la intención de llevar a cabo la revolución sexual: «Es lo único que se podía hacer pacífico y trascendental. Dejar de perseguir a las personas por su idiosincrasia sexual, y creo que lo conseguimos plenamente. Y fuimos nosotros, esta tribu que a lo largo del mundo no tenía ni dos millones de personas y llegó a ser muy muy influyente. Tocaba la música, las artes gráficas, el gusto en definitiva. A mi juicio es la única revolución que ha habido. Porque las otras son golpes de estado, no vas a llamar revolución a lo que ha pasado en Cuba o Rusia».

Escohotado se convirtió en un personaje polémico por su mantenida defensa de las drogas. Junto a la Fraternidad del Amor Eterno repartió en su día cantidades de LSD, una droga cuyo mayor uso, defendía, sería bueno para el mundo. «Indiscutiblemente. Pero es una cosa a largo plazo y, sobre todo, no lo puede entender el que no haya tenido experiencia de primera mano. Es imposible. Es como si le dices a un ciego que cómo es el Museo del Prado».

En 1983 fue detenido por tráfico de drogas y fue condenado a dos años de prisión. En ese tiempo escribió su célebre libro ‘Historia general de las drogas’, publicado en 1989. De él decía sin pudor que era el tratado más importante del mundo sobre el asunto. «Han pasado 40 años, y los médicos, los psicólogos, abogados, politólogos, todos están deseando buscarle un defectillo al libro. Lo hice para rehabilitarme claramente, porque ya que me había metido en ese lío abominable pues hago algo útil para la sociedad. Evidentemente, para mí exhumar esa historia y hacerlo de una manera objetiva sin sesgos ni mentiras es totalmente positivo para el ser humano.»

Reconocía que estaba un poco harto de ser «el de las drogas», aunque admitía tener parte de la culpa de ello. «Es que me da vergüenza que me confundan con el propagandista de esto y de lo otro. O la apología… Qué apología ni que niño muerto. Pero, por otro lado, me da tanta vergüenza y me indigna tanto ver a la gente, sobre todo en los hospitales, morir entre dolores atroces cuando podrían morir tranquilamente en su casa simplemente teniendo los opiáceos adecuados y, probablemente, vivir muchos más años. Yo estoy haciendo un experimento conmigo mismo y, en verdad, no he parado de hacerlo. Estoy haciendo de cobaya de la humanidad. Se lo digo a mis vecinos y pensarán que estoy loco, y me da igual, pero yo sé que, al final, mi ejemplo cundirá. El experimento es ir de primera mano con juicios formados a partir de la experiencia».

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