El reto turístico en Gran Canaria: el diálogo

Míchel Jorge Millares  //

Cauces, proyecto de parque y propuesta inicial de estación de tren.

Francamente, me resulta muy complicado abordar este tema que enfrenta a los grupos de gobierno del Cabildo y del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana (y de paso, al de Mogán) a colación de la aparición de restos arqueológicos en la zona de El Veril, donde el alemán Wolfang Kiessling -que ha hecho de Tenerife un lugar más atractivo si cabe gracias a sus parques temáticos-, promueve un parque acuático tipo Siam Park. El motivo de mi tribulación se debe a que no comprendo cómo una anécdota o una posible noticia positiva puede convertirse en uno de los más graves conflictos institucionales visto en Gran Canaria.

En el fuego cruzado entre los presidentes electos de ambas instituciones veo cierta desproporción respecto al hallazgo de dichos restos y su posible incidencia sobre el proyecto del parque acuático. Por lo que he leído, prácticamente se trata de cuevas naturales (que no labradas) que pudieron ser utilizadas antes o después de la conquista, así como una posible construcción de piedra. Asociado a ésto, habría un conchero, que demuestra que alguien comió lapas y burgaos en el lugar en algún momento de la historia. De por sí, no estamos ante un hallazgo relevante, como pudo ser el cementerio de Lomo Maspalomas que fue rápidamente excavado y trasladado de sitio a un almacén donde permaneció durante años para vergüenza de los políticos que lo permitieron y la desidia de los ciudadanos que no defendieron aquel hallazgo salvo el ya fallecido ex concejal José Juan Cardoso (fallecido en septiembre de 2011) que convocó una manifestación a la que acudió él con un amigo y un servidor con fotógrafo al ser La Provincia el único medio que se interesó por aquel tema. En aquella ocasión el cementerio se encontraba justo donde se enlaza la autopista con el barrio de San Fernando y reformar la obra habría costado un potosí, además de un retraso importante para la ejecución.

Por eso, en este asunto creo que hay mucho más ruido por otros motivos que por el propio hallazgo. También creo que la mecha estaba dispuesta para el enfrentamiento, el vaso estaba a punto de llenarse cuando cayó esta gota y que -como suele suceder- el perjudicado es el destino turístico ya que las contradicciones pueden retrasar -espero que lo justo- la inversión del parque temático que, tal como he dicho en otras ocasiones, no me llena de alegría porque no deja de ser otro parque acuático más de los cientos (¿miles?) que hay en el mundo, aunque lo promocionen como el más grande (cosa que en Tenerife no sentará muy bien) o que cuente con atracciones más espectaculares. Yo insistiré siempre en que para distinguirnos debemos tener más originalidad, pero como esto es predicar en el desierto, lo dejo aquí escrito otra vez y sigo con el tema. Un tema que tiene muchas aristas: se levanta en parte sobre suelo o cauce público que el Estado no reclamó durante el proceso, ocupa la parcela donde iría la estación de tren (ése sí que era un problema: el proyecto pagado se ha tenido que hacer de nuevo alterando el trazado y la ubicación). La obra debió comenzar en verano de 2015, para lo que fue declarado de interés estratégico por el Gobierno de Canarias, con la aprobación de la Cotmac al proyecto y al hotel de seis plantas… Pero llegó la denuncia de la competencia en los tribunales que retrasó varios meses el proyecto y se superó el procedimiento, hasta que aparecen los restos arqueológicos que cada vez son más temidos, en vez de ser motivo de interés por un pasado todavía desconocido.

Lo cierto es que lo más probable es que la prospección arqueológica sea rápida y que el hallazgo -si tuviera valor- pueda integrarse en las zonas visitables del parque acuático. Un atractivo más y no una rémora, ya que Kiessling, o cualquier promotor, están obligados a competir con el mejor parque temático de las islas, natural y gratuito: Maspalomas, a pesar del respaldo institucional logrado para disgusto de los empresarios de otros parques de la zona, más alejados pero que han apostado y mantenido su actividad contra viento y marea. La competencia de este nuevo parque, probablemente, les lleve a replantearse su continuidad en un mercado limitado con cada vez menos clientes porque los establecimientos ‘Todo Incluido’ ya alcanzan el 30% de la oferta alojativa.

Almacén donde guardaron los restos de Lomo Maspalomas.

Pero, al margen de las disquisiciones sobre si aporta o no interés o valor un yacimiento arqueológico a un centro de ocio, este enfrentamiento institucional hace un gran daño al sector turístico en Gran Canaria. Otro más (la lista crece y crece). Un sector del que depende la economía de la isla, más del 35% de los empleos, y precisa urgentemente de consensos y de acuerdos en torno a numerosas cuestiones: un modelo a medio y largo plazo, una promoción adecuada, una oferta actualizada, unas zonas turísticas seguras, conectadas, saludables y alegres. Aparcar los enfrentamientos y buscar puntos de encuentro, desatascar los asuntos empantanados a cuenta de la burocracia innecesaria (no toda es innecesaria), propiciar el diálogo -permanente- entre instituciones y empresas (sobre todo éstas), o mejor dicho, poner fin a la guerra abierta entre esos sectores que provoca la ruina de la isla como efecto más que probable.

Hay quienes animan al enfrentamiento. Quien intenta ganar en río revuelto, sin preocuparles cuál es el futuro de la isla. Un futuro que ha de pasar por recuperar nuestro pasado, nuestra identidad, nuestra originalidad, nuestra hospitalidad, nuestro clima saludable casi milagroso, nuestra inventiva y creatividad, y todo aquello que nos diferencie y nos distinga, pero para ello es necesario un consenso básico que mandato tras mandato, legislatura tras legislatura se va apagando para un siguiente gobierno porque el futuro está más allá de la cita electoral, aunque en realidad, el futuro ya está aquí y se nos va a escapar de las manos, ya sea con yacimiento arqueológico, con flora autóctona o con inversiones millonarias en productos turísticos.

Diás tristes para una de las etapas más brillántes de nuestra historia turística y para la mejor ocasión que se nos podía presentar. Espero que el empresariado y los políticos estén a la altura de las circunstancias.

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