El regreso del denostado bungalow y Erte para qué os quiero

Por Míchel Jorge Millares

El miedo y la desconfianza ante un posible contagio o brote -o nuevo tsunami- de coronavirus marcará los comportamientos de los turistas hasta que una vacuna nos libre de este mal. Que no significará que superemos este shock planetario y el temor a otras pandemias. Pero esto no significa que los europeos olviden que hay lugares donde pasar el invierno más confortables (y baratos) que quedarse en sus casas. Por eso, y sabiendo que hay formas de actuar para evitar los contagios, volverán a visitarnos esos mayores de riesgo o vulnerables, pero con otras prioridades: seguridad, tranquilidad y distanciamiento.

Durante décadas hemos dicho que uno de los problemas de los destinos turísticos de Gran Canaria y las islas orientales era la supremacía de la oferta extrahotelera (bungalows y apartamentos) frente a las comodidades del hotelero, particularmente para las mujeres que prácticamente no podían disfrutar de las vacaciones. Hoy las tornas se cambian. Nada como tener una cocina y hacerse cargo de la limpieza (espero que de forma compartida mujer/hombre) para sentir una mayor seguridad frente a un enemigo invisible. Pero este turismo no es suficiente para reactivar el sector. Probablemente esto sea el inicio de la recuperación del turismo con alojamientos más independientes y por estancias más duraderas.

Por ello, habrá que ver las posibilidades que hay de poner en marcha los establecimientos hoteleros, en qué condiciones y en qué puntos críticos habrá que intervenir para adaptar los hoteles a las necesidades de distancia social: restaurante, buffet, piscina y espacios comunes. Pero, sobre todo, la nueva cultura higiénica de todo el personal y, también, para los clientes.

Lo sorprendente es que hay cientos de miles de trabajadores que han estado obligatoriamente un mes y medio en sus hogares afectados por un ERTE y de brazos caídos (en cuanto a su actividad laboral), fundamentalmente del sector turístico, un personal que no podrá volver a sus trabajos hasta restablecer las conexiones aéreas con los países emisores, lo cual está por ver, sobre todo por el riesgo de que vuelvan a saltar las alarmas y quede gente en tierra como ha sucedido a finales de marzo. ¿Y no podría aprovecharse esta situación?

Igualmente, muchos empleados públicos han estado y están también inactivos y en sus casas, al igual que muchos profesores universitarios. Igual que el ERTE pero cobrando el 100%. Toda una materia gris que debería aprovecharse para que en este periodo se prepararan cursos teóricos y prácticos para formar en las condiciones de seguridad y control de la pandemia en Gran Canaria y, mucho mejor, en el Archipiélago. En primer lugar, porque es necesario preparar a la sociedad en este nuevo escenario de higiene, distancia social y prevención de contagios.

Esta es la primera tarea que hay que abordar y que deberían integrar de forma obsesiva en los programas de formación de todo tipo: para desempleados, empleados y afectados por ERTE. Porque es necesario restablecer y recuperar la confianza de la sociedad en el reencuentro, en compartir los espacios comunitarios, recuperar espacios tras el confinamiento, lo cual será posible solamente si somos capaces de cambiar nuestra cultura higiénica y de distancia social. Objetivos en los que Canarias ha de ser pionera y lider (y ya estamos tardando, si no se nos han adelantado). Esa formación debe ser teórica y práctica, cuyo título será un elemento importante -y próximamente curricular- para el retorno al trabajo tras la reapertura de establecimientos turísticos. Incluso sugiero que cada mes, todo el personal de un establecimiento participe en un Día de Limpieza, en memoria de los fallecidos y, al igual que en esos actos de homenaje a víctimas de terrorismo, violencia de género o de otras causas, se realicen actividades de mejora de las instalaciones… Para que no olvidemos lo sucedido y lo aprendido en esta crisis.

Esto se lo comenté a varios empresarios turísticos y les dije si era necesario y viable. Me respondieron que es una de las cosas que hay que hacer. Obligatoriamente. Y basta un ejemplo para demostrarlo: un destino turístico líder en el mundo no puede mostrar la guarrería de mascarillas y guantes de un solo uso tirados por el suelo. Hay mucho que hacer para que dejemos de ser guarros y exponernos a riesgos que pueden ser evitables.

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