El Museo Reina Sofía descubre al desconocido arte de Marruecos con la exposición ‘Trilogía marroquí’

El Museo Reina Sofía inauguró el 31 de marzo la exposición ‘Trilogía marroquí’, que cuenta con más de un centenar de piezas del “gran desconocido” arte del país africano de los últimos 50 años del siglo XX.

Trilogía marroquí 1950-2020 articula un diálogo visual que refleja la producción artística en tres momentos históricos, desde la independencia hasta el presente, a través de una selección significativa de piezas que muestran la diversidad de iniciativas, la vitalidad de los debates artísticos y los intercambios interdisciplinares en Marruecos.

Esta exposición se inscribe en uno de los ejes programáticos del Museo, la investigación decolonial. Constituye una primera tentativa de ampliar el foco de estos análisis dirigiendo la mirada a la orilla sur del Mediterráneo, cuna de la civilización occidental. Y, de manera más específica, a Marruecos, un país milenario que dista apenas 14 kilómetros de España.

La muestra ha sido organizada en el marco del programa de cooperación cultural entre España y Marruecos en el ámbito de Museos, promovida por la Fundación Nacional de Museos del Reino de Marruecos y el Ministerio de Cultura y Deporte del Gobierno de España, en colaboración con Mathaf: Arab Museum of Modern Art de Qatar. Trilogía marroquí 1950-2020 ofrece un relato de las experiencias artísticas en Marruecos desde mediados del siglo XX centrándose especialmente en tres centros urbanos, Tetuán, Casablanca y Tánger. Las obras expuestas, producidas entre 1950 y 2020, junto con los documentos de archivo, describen una trayectoria histórica de profusa efervescencia cultural.

En este recorrido se muestra la diversidad de las expresiones artísticas del Marruecos moderno, poniendo de relieve las figuras destacadas de cada época, desde la transición a la independencia (1950-1969) y los denominados Años de plomo (1970-1999) hasta la actualidad (2000-2020).

Tras cuarenta años de protectorado francés y español, el primer periodo abarca una fase extremadamente agitada, que se extiende desde los años de la independencia hasta 1969, durante la cual el campo artístico se articula en torno a los debates suscitados por la aparición de la corriente nacionalista y la imperiosa construcción de un discurso identitario. Estos dos aspectos constituirán el trasfondo conceptual de la modernidad artística marroquí durante las décadas de 1960 y 1970. El planteamiento de estos artistas consistía en cuestionar el academicismo artístico tradicional transmitido a través de la enseñanza del arte en Marruecos.

Después de estudiar y formarse en las principales capitales artísticas del mundo, la primera generación de artistas marroquíes se impregnó de los debates teóricos entonces en boga a escala internacional. Posteriormente adoptaron la abstracción como modo de expresión adecuado para dar cabida a sus reivindicaciones nacionales y a sus ansias identitarias.

De este modo, muchos artistas que habían iniciado su andadura en las escuelas de arte locales consumaron una ruptura radical con el acervo académico adquirido durante su formación en Marruecos para proseguir sus estudios en Europa y Estados Unidos. Tras su regreso a Marruecos, artistas como Mohamed Melehi, Mohamed Chabâa junto a Farid Belkahia, Mohamed Hamidi, Mohamed Ataallah y Mustapha Hafid transformaron profundamente la educación artística marroquí en la Escuela de Bellas Artes de Casablanca, que poco después impulsó la apertura a la modernidad con proyectos que combinaban la artesanía con formas artísticas innovadoras.

Al mismo tiempo, la ciudad de Tánger se convirtió en un centro cosmopolita y un lugar de encuentro para la generación beat. De la relación de Mohamed Choukri con ese entorno surgió uno de los relatos autobiográficos más descarnados de las letras marroquíes. En la misma época, la revista Souffles, dirigida por el poeta Abdellatif Laâbi, abrió el debate sobre la historia y las nuevas realidades sociales. Esta publicación, que nació como reacción a la represión armada de la revuelta estudiantil de 1965, muy pronto pasó a ser una caja de resonancia del discurso crítico y la acción política.

En la segunda etapa, años de grandes conflictos internos, surge una constelación de publicaciones alternativas, festivales y bienales a menudo independientes. La voz de la disidencia, especialmente activa en la literatura, la poesía y el teatro, se difunde mediante la revista Souffles hasta su prohibición en 1972 y, a partir de entonces, en Intégral y Lamalif. Durante este periodo aparece también un arte no académico, no intelectualizado, cuyos representantes son hombres y mujeres autodidactas vinculados a una dinámica artística viva, como es el caso de Chaïbia Talal y Fatima Hassan.

A finales de la década de 1980, una nueva corriente contemporánea empieza a asentarse en el panorama artístico marroquí con nuevos planteamientos artísticos. Esta dinámica cristalizará durante los años noventa con artistas como Mohamed El Baz, Mounir Fatmi e Yto Barrada, entre otros.

En los últimos años de la década de 1990, Marruecos vive su transición democrática, durante la cual se manifiestan algunos signos de apertura en el panorama mediático. La última etapa de la exposición, que abarca de 2000 a 2020, muestra la obra de una generación de jóvenes artistas que rompen con el pasado en el plano formal, técnico, simbólico y político del arte. Esta generación frecuenta espacios alternativos donde los creadores entablan contacto al margen de los circuitos convencionales. En ella hay, además, una importante presencia de mujeres artistas que en sus obras plantean, a menudo, una reflexión crítica en torno a la identidad femenina en el contexto específico de la sociedad marroquí.

Cada uno de estos periodos, con sus tendencias formales, sus cuestiones ideológicas y sus accidentes históricos, ha propiciado el surgimiento de gestos significativos para las siguientes generaciones. La exposición Trilogía marroquí 1950-2020 representa un estudio del patrimonio artístico de Marruecos desde la posindependencia y un análisis de la producción contemporánea. A través de la diversidad de formas de representación se afirma el papel activo del arte, en sus múltiples manifestaciones, con respecto al individuo y a la sociedad, más allá de cualquier idea de centralidad ideológica o moralizante. Lo que el arte nos enseña es la posibilidad de dar sentido, de imaginar la justicia, en busca del progreso cultural, social y humano contemporáneo. Este segmento de la historia de Marruecos puede ayudar a comprender su presente y a reflexionar sobre su futuro.

La muestra incluye obras de los siguientes artistas y cineastas: Mohamed Abouelouakar, Etel Adnan, Mohamed Afifi, Malika Agueznay, Mustapha Akrim, Ahmed Amrani, Mohamed Ataallah, Yassine Balbzioui, Yto Barrada, Farid Belkahia, Fouad Bellamine, Baghdad Benas, Hicham Benohoud, Ahmed Bouanani, Mustapha Boujemaoui, Mohamed Chabâa, Ahmed Cherkaoui, Mohamed Choukri, Hassan Darsi, Bachir Demnati, Mostafa Derkaoui, Mohamed Drissi, Moulay Ahmed Drissi, André Elbaz, Mohamed El Baz, Khalil El Ghrib, Badr El Hammami, Touhami Ennadre, Safaa Erruas, Ali Essafi, Ymane Fakhir, Mounir Fatmi, Jilali Gharbaoui, Souad Guennoun, Mustapha Hafid, Mohamed Hamidi, Mohssin Harraki, Fatima Hassan, Soukaina Joual, Mohamed Kacimi, Maria Karim, Leila Kilani, Faouzi Laatiris, Miloud Labied, Mohammed Laouli, Randa Maroufi, Najia Mehadji, Mohamed Melehi, Abderrahman Meliani, Houssein Miloudi, Mohamed Mrabet, Sara Ouhaddou, Rachid Ouettassi, Bernard Plossu, Karim Rafi, Mohamed Larbi Rahhali, Younes Rahmoun, Abbas Saladi, Tayeb Saddiki, Chaïbia Talal, Latifa Toujani.

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