El Ministro Uribes insta a Vox a retractarse por «señalar» al editor de ‘El Jueves’

El ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, considera que Vox debería “retractarse” del “señalamiento” contra Ricardo Rodrigo Amar, el presidente de RBA, el grupo que edita la revista satírica ‘El Jueves’, ya que “ese tipo de conductas no son propias de una formación en un sistema democrático abierto y libre”, ha destacado.

Uribes considera que esa postura de Vox es “un mal camino” y ha recordado que la cultura es el “apoyo a sectores culturales, pero también valores”. “Como ministro de Cultura quiero denunciar esas conductas que lo único que provocan es un señalamiento de personas y colectivos fundamentales para la convivencia”, ha defendido el ministro en declaraciones recogidas durante su visita a ARCO.

Vox afirmó el pasado martes en su cuenta de Twitter que ‘El Jueves’ “difunde odio contra millones de españoles a diario”, después de que esta revista publicara unas viñetas en las que caricaturiza a los dirigentes del partido y los llama ‘La pandilla Voxura’.

Junto a una fotografía de Amar, escribió: “Es posible que muchos de ellos le empiecen a exigir responsabilidades cuando le vean salir de su despacho de la Diagonal de Barcelona”.

Inaceptables señalamientos por parte de Vox

Como dijo El País en un editorial, «el señalamiento por parte de Vox del editor de la revista El jueves constituye un paso inaceptable en la escalada del partido ultraderechista de marcar, estigmatizar e incluso amenazar a quienes considera objetivos o enemigos. Desde su cuenta oficial en Twitter, Vox puso nombre, apellidos y hasta dirección a quien considera responsable de difundir odio contra su formación desde las páginas de la revista y le llegó a advertir de las consecuencias: “Es posible que muchos le empiecen a exigir responsabilidades cuando le vean salir de su despacho en la Diagonal de Barcelona”, asegura Vox en su tuit tras la publicación de unas viñetas críticas en la revista satírica».

El editorial de El País continúa como sigue: «El nuevo episodio se enmarca en una tendencia generalizada a fomentar los peores instintos entre los votantes por parte de quien constituye la tercera fuerza parlamentaria en el Congreso, que está presente en numerosas asambleas regionales y ayuntamientos y que ha tenido como objetivos especialmente a los menores extranjeros no acompañados y a los inmigrantes sin papeles. En este contexto, la Audiencia Provincial de Madrid desestimó el lunes un recurso de la Fiscalía contra el cartel en el que Vox señala a estos menores —con datos tergiversados y con una representación burdamente negativa— como un riesgo y una amenaza a las cuentas públicas. La decisión tiene argumentos de peso y, como es evidente en un Estado de derecho, debe ser respetada. Ello no impide que causen perplejidad algunos razonamientos de la misma, como cuando el tribunal decide considerar en su escrito que, “con independencia de si las cifras [del cartel] que se ofrecen son o no veraces”, esos menores —menos de 300 en toda la Comunidad de Madrid— “representan un evidente problema social y político”. Pero, sobre todo, no impide ver que la intención de Vox es señalar, en este caso a un colectivo, con datos manipulados y usando la imagen de un encapuchado».

«Estas actuaciones no son neutras en la sociedad. Tienden a tener consecuencias. La democracia garantiza derechos y libertades. Obviamente estos tienen límites que deben ser respetados. La andadura de Vox exhibe un creciente señalamiento de colectivos por cuestiones de nacimiento, por la identidad sexual y, en este último episodio, por su opinión. Una retórica demasiadas veces vista en Europa con un resultado polarizador, crispador y divisorio, cuando no directamente relacionado con la violencia vinculada a la intolerancia. Al igual que han hecho las fuerzas políticas del centro y la derecha en países europeos, toda la sociedad democrática debe cerrar filas contra las amenazas, contra los turbios instintos y el peligro que se encierra bajo estos episodios crecientes de señalamiento», concluye El País.

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