El erróneo dilema ecologista sobre Chira-Soria

Por Míchel Jorge Millares //

Leo en el diario digital canariasahora que el proyecto Chira-Soria se convierte en un ‘campo de batalla’ (no me gusta el término belicista y menos en un debate sobre medio ambiente) entre conservacionistas y energías renovables. Hasta ahí, más o menos, va bien la cosa, salvo que luego indican que de un lado se posicionan los ecologistas y de otro lado un indefinido espectro (en el que me incluyo y reivindico su ecologismo). De hecho, en el rechazo al proyecto que está ahora mismo en trámite de evaluación del impacto ambiental, encontramos diversas sensibilidades y posiciones. En el apoyo están quienes creemos que el proyecto es bueno para Gran Canaria y para la ecología, para el planeta. Una iniciativa que cuenta (cosa inusual) con la unanimidad de las instituciones (ayuntamientos, Cabildo y Parlamento de Canarias).

Por ello me pregunto si sólo quienes rechazan el proyecto son ecologistas, según ha calado en la prensa. Y creo que no, si me atengo a lo que significa Ecologismo: “Ideología que extiende y generaliza el concepto de ecología al terreno de la realidad social; propone y defiende la búsqueda de formas de desarrollo equilibradas con la naturaleza y basadas en el uso de energías renovables que no contaminen”. Y añado que “el ecologismo ya no es solo una utopía necesaria, sino una clave política del realismo ético de nuestro tiempo”. Máxime en la situación de emergencia climática a la que nos enfrentamos en una cuenta atrás imparable… Por eso creo que este proyecto basado en energías renovables permite el desarrollo equilibrado para la población grancanaria con la naturaleza, ya que las presas ya están construidas, hay que hacer una estación subterránea para almacenar la electricidad, a lo que se suma llevar el agua a la cumbre gracias a este proyecto.

Volviendo a la polémica sobre el supuesto ecologismo del rechazo al proyecto, considero que denunciar el impacto paisajístico (torretas, estación subterránea, vertido de salmuera…) es conservacionismo, no ecologismo. Y gracias a que existen estas posiciones de defensa del paisaje o de especies de flora y fauna, se enriquece el proyecto y permite ser más rigurosos y exigentes a la hora de su tramitación, tal como se puede comprobar en las alegaciones y condicionantes al proyecto inicial que se incorporaron, así como las exigencias que establecerá la declaración de Impacto Ambiental que prepara el Gobierno de Canarias. Porque las energías renovables no son un cheque en blanco para cualquier intervención sobre el territorio. 

Esto me trae a la memoria cuando fui directivo -entre los años 80 y 90-, de la Asociación Canaria para la Defensa de la Naturaleza (ASCAN), fundada hace 50 años por Gunther Kunkel, Luis García Correa, Servando Peláez… y otros pioneros de la lucha medioambiental en España, ya que ASCAN y ATAN (en Tenerife) fueron las primeras asociaciones de este tipo en España. Y dejaron una fabulosa herencia, como el ‘Libro Rojo’ de la naturaleza de Las Palmas (‘Inventario de los recursos naturales renovables de la provincia de Las Palmas’), donde se abogaba por crear en Gran Canaria un Parque Nacional. Sin embargo, la sociedad evolucionó y se nos llegó a tildar de conservacionistas por los incipientes grupos ecologistas (Magec), pero aún así continuamos la progresión y fui uno de los asistentes a las distintas asambleas para la constitución de la Federación Ecologista Ben Magec, en representación de la Asociación que en aquellos momentos contaba con más de 1.000 socios y tuvimos como presidentes al geógrafo José Julio Cabrera Mujica y al biólogo Luis Felipe López Jurado. De hecho, firmé la constitución de Ben Magec en Mazo (La Palma), y también vivimos el primer enfrentamiento entre ASCAN de Gran Canaria y de Fuerteventura con la Federación, a cuenta de nuestro recurso contra el establecimiento de un parque eólico en el istmo de La Pared (Jandía), al entender que dicha instalación perjudicaría a los cada vez más escasos guirres (alimoches) en la isla. De hecho, nos convocaron en el vivero de Tafira a una reunión con otros grupos ecologistas y un representante de Greenpeace, quienes defendían tajantemente la penetración de las energías renovables frente al posible impacto sobre una especie en peligro de extinción. Nosotros éramos conservacionistas y los demás defendían a ultranza el ecologismo. Una opción que no he abandonado, más bien todo lo contrario, al compartir con muchos expertos la necesidad de frenar el deterioro del paisaje (no sólo el de montaña, sino también el urbano  periurbano, industrial, agrícola y litoral) siendo coordinador durante tres años de las Jornadas del Paisaje de Gran Canaria.

Hoy, en la polémica sobre Chira-Soria, la Federación Ecologista forma parte de las personas y entidades que se posicionan contra el proyecto. Ben Magec – Ecologistas en Acción de Canarias confirma su rechazo al proyecto Chira-Soria por considerarlo “incompatible con la conservación de los valores ambientales”, y añade que es “desarrollista al no contemplar otras alternativas progresivas basadas en el ahorro y la eficiencia energética”. No hemos llegado aún a conocer la declaración de Impacto Ambiental del Gobierno (prevista para abril), que determinará cómo afecta el proyecto a la zona y sus valores ambientales, pero ya se han posicionado. Y no sólo eso… rechazan que quienes han dedicado años de esfuerzo y trabajo altruista por la Federación puedan opinar y recordar su papel en la consolidación del movimiento ecologista. 

Pero no veo su posicionamiento ante diferentes intervenciones y opiniones volcadas sobre alternativas posibles, donde se habla de baterías de ion-litio (que no se fabrican en Canarias, tienen una vida útil limitada y generan residuos), cosa que como mínimo requiere una explicación. Así como la defensa de centrales de hidrógeno, de energía maremotriz… Proyectos que en un futuro próximo podrían tener su encaje, pero actualmente no pueden compararse con el complejo que aprovechará la existencia de las presas Chira-Soria. De hecho, el físico y director del Instituto Tecnológico de Canarias (ITC), Gonzalo Piernavieja, considera necesaria esta infraestructura pero advierte que es insuficiente, adelantando que podrían ser necesarias otras centrales hidroeléctricas reversibles (con las presas existentes, o como propugnan algunos, construyendo nuevas presas o balsas más próximas a la costa, donde la presa del Conde), para facilitar el desarrollo de las energías renovables como alternativa al fuel en la isla, ya que cada día que se retrasa la puesta en marcha de la central continuamos consumiendo toneladas de fuel que aceleran el cambio climático.

En resumen, me resulta imposible señalar un único bando como representante del ecologismo en esta polémica. De hecho, considero que apoyar Chira-Soria es una propuesta ecologista.

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