El circo de las vanidades

Por Santiago Gil

Le escribo esta carta a aquel que fui hace unas semanas, al que estoy casi seguro que se parece a muchos de ustedes, al que pensaba que el mundo cambiaría de arriba abajo con la Covid y con aquel encierro y, sobre todo, con el miedo a la enfermedad y a la muerte tan cercana, y al mismo tiempo tan poco curable, cuando pensábamos que poco menos que iríamos desapareciendo sin dejar más pistas sobre el planeta, como desaparecieron miles de personas, como siguen desapareciendo a día de hoy aunque parezca que todo aquello fue un mal sueño.

Me escribo al que fui entonces para contarle que aquí seguimos como siempre con griteríos políticos, bochornos sonrojantes de algunos de nuestros gobernantes y con esa sensación, humana y comprensible, de creernos eternos nuevamente, y de querer volver a levantar la carpa del circo de las vanidades tal como estaba hace un par de meses. Y lo peor, además, es que no sabes de quién fiarte. Unos te hablan de un rebrote inevitable en unas semanas, otros en invierno, y algunos agoreros casi te dibujan un paisaje apocalíptico a la vuelta de la esquina. Otros, en cambio, te presentan la realidad como si ya no fuera  a pasar nada y como si el virus se hubiera ido, o se fuera yendo, por donde mismo vino después de aquellas malhadadas noticias que llegaban del Lejano Oriente. Lo cierto, querido amigo que te creíste que si salíamos vivos seríamos más sabios, menos durmientes y por supuesto más solidarios y más humanos, es que no acertaste ni una, ni tuviste en cuenta que el ser humano, por lo menos el que ha evolucionado hasta llegar a nosotros, es un mal ejemplo ahora mismo para que los que vengan luego, siempre y cuando dejen que llegue alguien a este planeta después de ellos, que es lo mismo que decir después de nosotros, después de tanto todo, como escribía José Hierro, para nada, o para seguir pendiente otra vez de si Messi mira a la grada o la cara de quien le habla, porque otra vez, querido amigo, son ellos los héroes, y ahí están los sanitarios, de nuevo pregonando en el desierto, saturados, sin que nadie les devuelva aquel esfuerzo que nos salvó la misma vida que estamos dejando en manos de los  más ineptos. Lo más probable es que algún día regresemos al Dúo Dinámico cuando volvamos a quedarnos sin respuestas. No damos para mucho más, por lo menos de momento.

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