El catedrático Romero Salvadó se referirá al bulo que divulgó que Lenin quiso extender desde Barcelona la revolución roja al resto de Europa

·        El día 27 de marzo, a las 19.00 horas, en el marco del programa de la XII edición del Curso de Historia de las Relaciones Internacionales, que aborda cómo se ha proyectado el rastro del Tratado de Versalles hasta la actualidad

Las Palmas de Gran Canaria, 26 de marzo de 2019.- El catedrático de Historia Contemporánea de España de la Universidad de Bristol, Francisco J. Romero Salvadó,  interviene el día 27 de marzo, a partir de las 19.00 horas, en la Casa-Museo León y Castillo de Telde en la tercera jornada del programa de la XII edición de su Curso de Historia de las Relaciones Internacionales que, bajo hasta el próximo día 29 se desarrolla bajo la denominación ‘El Tratado de Versalles y el legado de la Primera Guerra Mundial’.

Salvadó se referirá en su conferencia al legado de la Gran Guerra en España y al singular rumor que circuló hace cien años en el país propagando que Lenin había desembarcado en Barcelona para dirigir la revolución, por lo que el Foreign Office incluso recomendó no viajar a España. Autor de libros de referencia como ‘La agonía del liberalismo español de la revolución a la dictadura (1913-1923)’o ‘La larga Guerra Civil española’, entre otros muchos, opina que España fue un laboratorio en el periodo de inusitada polarización y violencia que fue la Gran Guerra.

“La Gran Guerra representó el crepúsculo de una era. El universo liberal de corte clásico hegemónico en 1914 no pudo ser reconstruido ante el inexorable avance de la política de masas. El armisticio de noviembre de 1918 no dio lugar a una era de paz y estabilidad, sino que inició una era que muchos historiadores han calificado de Guerra Civil Europea que culminó en la tragedia de la II Guerra Mundial”, señala el historiador.

El bulo de que Lenin había desembarcado en Barcelona para extender la revolución desde España, se empieza a cocer a partir de 1917 cuando el dirigente soviético afirma que la revolución de noviembre era el primer episodio en una operación a gran escala donde el proletariado ruso simplemente tenía el honor de ser la vanguardia. Una marea roja parecía extenderse por toda Europa e incluso los Estados Unidos. “España se vio sacudida por la rebelión del campo andaluz y una ola huelguística sin precedentes. Rumores apocalípticos anunciaban que Lenin había desembarcado en Barcelona para dirigir la revolución. En enero de 1920, el Foreign Office incluso recomendó no viajar a España”, recuerda Salvadó.

“Lenin acertaba cuando auguró un periodo de guerra civil en Europa. Sin embargo, en vez del inexorable avance de la revolución, el triunfo bolchevique encarnó la paradoja de desatar la marcha triunfal de la contrarrevolución “negra”, autoritaria y nacionalista”, agrega.

“Aunque es muy discutible que existiese en España una auténtica amenaza de revolución social, los industriales catalanes, como sus homólogos en el resto del país y los terratenientes andaluces, estaban atenazados por el miedo. Su percepción estaba dominada por una retórica obrera embriagada por el mito de la revolución rusa junto al deslumbrante crecimiento de los sindicatos que eran capaces de inclinar la balanza en favor de sus reivindicaciones. Por consiguiente, bajo el pretexto de defender el orden social contra la subversión, la alianza de patronos catalanes y militares comenzó a operar, como un auténtico poder paralelo actuando en las sombras que obligaba a los gobiernos en Madrid a elegir entre ser cómplice de la violenta reacción o víctima de su potencial subversivo. Su desenlace lógico fue el golpe de estado del General Miguel Primo de Rivera en septiembre de 1923”, señala Salvadó.

“Por toda Europa surgieron uniones cívicas y milicias patrióticas con el pretexto de combatir la subversión y reconquistar la calle. En muchos casos, no solo plasmaban la reacción contra el espectro rojo sino contra la democracia de corte liberal. Dentro del contexto europeo, el caso español constituyó un buen ejemplo. De hecho, el año 1919 plantó las semillas de la destrucción del estado liberal”, concluye el catedrático de la Universidad de Bristol.

Organizado por la Casa-Museo León y Castillo en colaboración con la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria a través de su Facultad de Geografía e Historia, el programa del citado curso que se desarrolla bajo la dirección de Javier Ponce Marrero, profesor titular de Historia Contemporánea de la ULPGC, contempla la participación en los próximos días de los catedráticos Hipólito de la Torre Gómez y Francisco Veiga Rodríguez.

Programa

El día 28 de marzo, Hipólito de la Torre Gómez, catedrático Emérito de Historia Contemporánea de la UNED, disertará sobre el legado de Versalles en el mundo de entreguerras, para concluir el día 29 de marzo Francisco Veiga Rodríguez, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona, hablando del legado de la Primera Guerra Mundial en la actualidad.

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