Ecotasa de autor en Lanzarote

Por Míchel Jorge Millares //

El año que falleció César Manrique, la población de Lanzarote ascendía a 68.000 personas. Hoy son 155.000. Un crecimiento contra el que clamaba el artista hace 30 años, pero a la vista está que no le hicieron caso. Los turistas son más: 3,5 millones. 12 veces más que los que visitaban la isla en 1992. ¡No! No se paró, sino que se aceleró el crecimiento hasta nuestros días. Hasta que se cumplió la advertencia de César. Y se paró todo, todos, hace 14 meses. El artista, visionario, lo avisó en repetidas ocasiones, pero no le hicimos caso. Ni tan siquiera preparamos un plan para la crisis que tan claro veía venir César. Sólo planes para crecer, arañando por aquí y por allá sobre un territorio que tiene protegido un 41% de su superficie, en el papel. Muchas leyes y normas con reiteradas menciones al ‘desarrollo sostenible’ de una isla que, cuando César dijo “¡Parar!”, soportaba 88 personas por kilómetro cuadrado y en 2019 se juntaron 280. A eso, se suman vehículos, alojamientos, instalaciones de ocio, deportivas, consumo de agua, luz, producción de residuos… Y si alguien puede decir que se ha alcanzado la sostenibilidad, que piense lo que diría Manrique. Todo esto ha sucedido en la isla donde se elaboró y aprobó la ‘Carta de las Naciones Unidas de Turismo Sostenible’ en 1995. Y no hemos intentado corregirlo.

Así estamos hoy, con el turismo en vilo permanente, a la espera de poder abrir sin dejar de pagar. Porque un hotel cerrado es un coladero de dinero en gastos mantenimiento e impuestos, y si has realizado obras o compras, añade gastos financieros. Pagar, a pesar de que sea necesario y obligado el cierre. Y la situación es dantesca, hay un hotel con 10 clientes para los que tienen que trabajar 70 personas. Hay para escribir muchas historias. Ese era el panorama de la celebración del I Foro de Reconstrucción de Lanzarote impulsado por Biosfera  Media. Bueno, el escenario era el del Auditorio de Los Jameos del Agua, y allí recordamos que César decía que Lanzarote fue la Cenicienta de Canarias, para ser ahora ejemplo (a pesar de todo), en el que muchos soñamos con compararnos, retomando el vuelo sobre esas cenizas.


Sí. La Cenicienta. Una hermosa metáfora de cómo el fuego de sus montañas pintó un lienzo de figuras abstractas calcinadas. Una Timanfaya que bajo su piel de lapilli conservaba una tierra fértil de malvasías, batatas, cereales y legumbres. Pero, sobre todo, esas galerías, túneles y jameos que César y un grupo de lanzaroteños transformaron en el sueño utópico de millones de turistas, mejorando la calidad de vida de los/as conejeros en una burbuja que crecía, como antes lo hacían las obras de Manrique. Las cenizas de una belleza natural única, tratada con las mejores manos, las de la propia población lanzaroteña.

En el foro comenté que se podría conjeturar sobre la recuperación, la coincidencia general de expertos se anunciaba en el Foro Internacional de Maspalomas en diciembre, o hace una semana en Futurismo, en Adeje. Que prevén para este año el 70% de turismo nacional y el 30% de visitantes extranjeros. Los condicionantes son esta montaña rusa de picos y caídas de contagios, la velocidad de vacunación y la pronta activación económica con los fondos europeos, donde la sostenibilidad es imperativo. También, hay coincidencia en el sector que los destinos de sol y playa serán los primeros en recuperar, o que los de congresos y negocios lo tienen muy crudo con el cambio cultural de las videoconferencias, eventos online y webinars… Para terminar con el turismo de naturaleza. Lanzarote tiene sol y playa, pero también naturaleza, arte y César Manrique, con un potentísimo conjunto de ofertas de los Centros de Arte, Cultura y Turismo (CACT) que demuestran que se puede rentabilizar la estancia del turista frente al todo incluido y la hibernación climática de los turistas. Pero el futuro es más incierto en Lanzarote. No sólo la pandemia, sino ahora el brexit (el turismo británico es el 48% en Lanzarote, mientras en Gran Canaria es un tercio del total), y las campañas extraordinariamente agresivas que están poniendo en marcha destinos como Egipto, Turquía… a precios con los que no podremos competir, pero que ya conocimos sus efectos en 2009, hasta que las primaveras árabes provocaron la huida de turistas a destinos seguros.

La buena noticia es que Lanzarote tiene más posibilidades de re-crearse y, los fondos europeos pueden servir para “convencer a la mayoría”. Tiene la isla 70.000 camas turísticas legales. Maspalomas Costa Canaria tiene 100.000. Pero, la oferta de la isla conejera incluye un Parque Nacional, es Reserva de la Biosfera y Geoparque, pero sobre todo tiene la marca César Manrique. Maspalomas tiene las dunas, el palmeral, la charca y el faro. Varios parques temáticos. Y el icono de Gran Canaria agoniza, la naturaleza se lleva al mar más arena de la que deposita. Evitarlo es la prioridad. 

¿Y cuál es el secreto de Lanzarote? Pues, a pesar de que la Fundación César Manrique está en ERTE desde marzo, paralizada forzosamente, busqué en los libros sobre el artista qué decía, recordando su ímpetu y entrega al pregonar: Buscar la autenticidad, no homogeneizar o ir a lo estandarizado (ya están cambiando el blanco y verde por acristalamientos en Puerto del Carmen), diferenciarse y no copiar (pero el jardín interior del Hotel Salinas se lo han cargado, la joya del edificio de Fernando Higueras con la colaboración de César); Usar el turismo para educar, enseñarle a ver y sentir la naturaleza, aprender de ella, amarla. O, en definitiva, apoyar una industria inteligente turística, al ser la única alternativa a la escasa posibilidad de supervivencia con sólo la agricultura o la pesca (ya testimonial); Y potenciar ese sentido y sabiduría del pueblo conejero que ha modelado el paisaje, la arquitectura y las tradiciones culturales.

César, como su antecesor Néstor Martín-Fernández de la Torre, invitó a programar el futuro desde el presente, convertir la vida en un experimento creacional, una obra de arte, y animaba a revertir la destrucción en marcha (Néstor lo planteó 50 años antes y nosotros hemos de reiterarlo 30 años después de la muerte de César).

Hay mucho por hacer, pero para empezar, las instituciones de Lanzarote no deberían cerrarse en los catálogos de instrucciones de los Planes de Sostenibilidad Turística en Destino (PSTD), que regulan las millonarias inversiones que vienen para la ‘reconstrucción’. Y digo que no nos cerremos en sus instrucciones, porque están inspiradas en el modelo de Lanzarote, cuando esta isla ya aprobó ese examen, con nota. Ahora hay que ser más audaces, y el pueblo de Lanzarote ya sabe cómo, lo aprendieron desde la cuna, lo han vivido día a día. Sólo tienen que cuidar y vivir la utopía, recrearla. Lanzarote es la isla de la meditación, saludable, el jardín de lava y viento, de sal y océano, con sus cocinas del diablo, limpia, inteligente, con calidad de vida… Todo eso es la herencia de César, de Pepín Ramírez, Jesús Soto y otros, los 5 magníficos de la isla. La isla tiene una calidad de vida, seguridad, conectividad, infraestructuras, pero ¿podrá decidir y lograr un visitante en menor cantidad y mayor estancia? ¿Y -pensemos la utopía- que además contribuya a mejorar la isla? Si se mira más allá del bloque y el escaparate se puede ver el mar, pero Cenicienta es la verdadera protagonista. 

Y como intervención necesaria en el Foro, la propuesta del alcalde de San Bartolomé de Lanzarote, al plantear la necesidad de la ecotasa con destino finalista. ¿No deberían los visitantes llegar y pagar un euro por cada noche de estancia? (31,5 millones se habría recaudado en 2019, por ejemplo). Porque ¿qué puede aportar a la isla un turismo que racanea un euro diario por vivir la utopía? De hecho, algo se ha hecho muy mal para que el gasto turístico en destino en Lanzarote esté por debajo de la media en Canarias. A veces, más es menos. Imagina que llegas a un destino y pagas porque así tendrás un entorno de mejor calidad, contribuyes a reducir tu ‘huella de carbono’ y te obsequian con poder fotografiar y publicar los selfies y demás imágenes de la isla, una isla de autor. El ‘land art’ en el que las personas forman parte de la obra creativa.

PD. Mi agradecimiento a Biosfera Media.

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