¿Cuándo dejamos de rechazar el fueloil?

Por Míchel Jorge Millares //

Hay un proyecto para llevar a Gran Canaria a una descarbonización en el consumo energético que -junto al resto del Archipiélago- aspira a cumplir los objetivos del Acuerdo de París sobre el cambio climático, jurídicamente vinculante para España (y Canarias, claro). En esa estrategia que recoge el Plan de Transición Energética de Canarias, Gran Canaria ha trabajado durante décadas en diversas acciones, una de las cuales es el proyecto de central hidroeléctrica reversible Chira-Soria, recogida como una de las distintas alternativas, que también figura en la planificación eléctrica estatal en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (2021-2030). Una iniciativa que se ha estudiado, corregido, transformado y modificado atendiendo a las alegaciones formuladas por organismos y entidades, públicas y ciudadanas. Tras la información pública que tuvo lugar entre el finales de julio y principios de octubre del año pasado, ahora corresponde a los funcionarios públicos que forman parte del Órgano Ambiental de Canarias (lo que antes hacía la Comisión de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente de Canarias, Cotmac), informar sobre la propuesta presentada (conocidas las alegaciones formuladas) para realizar la Declaración de Impacto Ambiental. Un documento que podrá ser recurrido, sólo que en dicho caso se tendrá que demostrar por los recurrentes si se incumple alguna ley.

Afortunadamente, vivimos en un país donde hay una muy variada y avanzada legislación y garantías jurídicas en el ámbito autonómico, estatal y europeo, que permite fiscalizar y comprobar si el Cabildo (por unanimidad de su Pleno), el Gobierno de Canarias (también con apoyo unánime del Parlamento regional) y, sobre todo, los funcionarios de dichas instituciones, no han tenido en cuenta alguna norma.

Así es. Existe abundante legislación sobre el suelo, el patrimonio, la flora, la fauna, la naturaleza, ¡el cielo!, el paisaje… Leyes de calidad y de última generación, porque hemos ido ganando derechos, gracias a la movilización ciudadana. Derechos que hemos de exigir que se cumplan. Y permítanme recordar a uno de los protagonistas de que las instituciones europeas y los gobiernos de la Unión hayan contemplado el paisaje como un bien público. Este adelantado o visionario fue José Miguel Fernández-Aceytuno, a quien homenajeamos en las Jornadas del Paisaje de Gran Canaria.

En cuanto al caso que nos ocupa, Chira-Soria, vemos que no es un caso aislado aunque sí diferente. Son muchas las torretas que atraviesan nuestro territorio, de alta o media tensión. Con su impacto visual. Pero no es el único elemento que podemos ver en nuestro horizonte limitado. Están las antenas de telefonía instalada en el pico de Las Nieves y que son visibles desde cualquier punto de la isla, o la proliferación de aerogeneradores, con sus aspas girando en un territorio que ha sido bendecido por la corriente casi permanente con una gran potencia, como es la costa este de la isla (Arinaga) que junto a Tarifa es de los puntos de Europa con mayor potencial eólico, con más de 4000 horas efectivas al año, cosa que no disponen en Tenerife, donde tienen que ocupar más territorio con paneles solares al no disponer de la ‘mina de viento’ que tienen Gran Canaria o Fuerteventura. Por ello, para la ‘carrera’ hacia la descarbonización, El Hierro ya ha demostrado cómo puede cambiar el modelo con su estación de bombeo hidroeólica de Gorona del Viento, seguida por Gran Canaria en cuanto disponga de la central Chira-Soria. Un proyecto que no sólo recoge la estrategia autonómica en elaboración, sino que se contempla que es necesario ampliar la producción hidroeléctrica reversible con el uso de otras presas.

¿Y qué daño hacen las torretas? Pues un enorme impacto visual. Aunque, generalmente aceptamos los molinos, pero no las torretas. ¿Es más artístico, mimetizado o humano el diseño de los molinos, su movimiento, la línea? A primera vista, sí. Una torreta es un amasijo tipo ‘Mecano’ (cosas del pasado), con forma de gigante o de mole que se eleva sobre un paisaje. Pero no hay país que no tenga torretas, ni población que no las necesite. Soterrar no es barato, pero tampoco menos impactante. Una línea de alta tensión soterrada tiene que ir en una galería de 1,8 metros de ancho por 1 de alto, para lo cual hay que excavar (imagínense meter excavadoras por esas laderas) y cada 900 metros hay que construir una cámara de empalme. El dilema, entonces, está entre la propuesta del Cabildo de utilizar la carretera para canalizar el agua desalada y la línea de alta, o esta actuación en un tramo y el resto del tendido en torretas, como defiende la empresa adjudicataria. Pero bueno, algo hay que hacer para que las torretas no aparezcan en todos los ‘selfies’ (autorretratos con cámara del móvil) que nos hagamos cuando vayamos de senderismo por la isla. De ahí que esperemos con interés lo que determine el órgano ambiental del Gobierno de Canarias sobre el impacto ambiental de la obra y su red, conocer las medidas correctoras que se establecerán para minimizar los impactos que -como cualquier obra humana- se producirán en la ejecución de un proyecto de estas características. De entrada, en el proceso de información pública se redujo a la mitad el número de torretas previstas (se pidió que se soterrara todo el trazado, pero se demostró su inviabilidad). Por lo que al final se optó por presentar una propuesta con menos de la mitad -37- de las torretas previstas inicialmente por la empresa Red Eléctrica Española (REE), que no dejan de ser un número importante, pero que serán visibles por su tamaño que viene a ser aproximadamente la mitad del tamaño del muro de la presa de Soria.

No obstante, creo que el papel de Órgano Ambiental del Gobierno es muy administrativo, donde lo que prima es comprobar si el proyecto cumple con el marco legislativo. Y el paso de una línea de alta tensión puede cumplir con las normas, garantizar la seguridad ante unos temporales que podrían ser más frecuentes y más fuertes con el agravamiento de las condiciones naturales a causa del cambio climático. Pero, las presas ya están hechas, que es lo que verdaderamente impactaría en caso de que no existieran. No obstante… ¿no habrá un modelo o una forma de mimetizar este tipo de instalaciones? Así podríamos diferenciarnos, por lo menos hasta que haya otra fórmula más ‘humana’ para transportar la energía a los puntos de distribución y, lograr una red eléctrica insular mejor, más robusta, más fiable y que posibilitará una mayor y más rápida penetración de las energías renovables con un vuelco en la gestión del agua tan escasa en la isla y, por supuesto, acabar con las chimeneas y los humos que vierten las centrales térmicas… porque parece que hemos olvidado el rechazo al consumo de fuel contaminante que es el principal causante del cambio climático que se nos viene encima.

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