‘Causa museo’: ocho artistas destacan la faceta de diseñador de Antonio Padrón

  • La exposición abre el 4 de junio, a las 12:00 horas, en la Casa-Museo del artista en Gáldar y puede visitarse hasta finales de junio
  • La actividad forma parte de la programación prevista para celebrar el 50º aniversario de la creación de este centro museístico

La Casa-Museo Antonio Padrón-Centro de Arte Indigenista de Gáldar abre el día 4 de junio, a las 12:00 horas, la muestra ‘Causa museo: Diseñadores a un museo con causa’, que recoge los trabajos gráficos realizados por ocho artistas para celebrar el 50º aniversario de la creación de este centro museístico dependiente de la Consejería de Cultura del Cabildo grancanario y que destacan la faceta como diseñador del pintor galdense, no tan conocida para el público.

Esta exposición, con entrada gratuita, puede visitarse hasta finales de este año en la Sala Antonio Padrón del espacio expositivo ‘El corredor’, de martes a domingos de 10:00 a 18:00 horas. La apertura puede seguirse de forma virtual a través de las redes sociales de la Casa-Museo.

Los diseñadores Cristina Valencia, Antonio González Hernández, Marta de la Guardia, Néstor Dámaso, Raúl Mendoza, Luz Sosa, Reinaldo Sosa y Óscar Valido han plasmado en sus creaciones el lema ‘Causa museo’, con el que se ha querido definir el devenir este centro museístico a lo largo de estos últimos 50 años.

El 8 de mayo de 1971, tres años después de la muerte del pintor, un acuerdo familiar, propiciado por doña Dolores (Lola) Rodríguez Ruiz, permite crear el Museo Antonio Padrón. Desde su creación hasta nuestros días, todo parece estar imbuido por el baluarte del idealismo en la idea de una causa de la que solo con el tiempo se perciben sus relaciones de sucesión o concomitancias.

Conscientes de la trayectoria de la Casa-Museo, ocho diseñadores gráficos de la isla visibilizan en el cincuenta aniversario un sincero homenaje no solo a la obra de Antonio Padrón, sino a la generosidad y el empeño de su tía Lola Rodríguez y de cuantos contribuyeron con ella a hacer posible la creación y el crecimiento de uno de los museos que, por concebir el museo como una causa, ha logrado ser uno de los de mayor implantación social en todo el Archipiélago.

Y con esta idea surgió esta muestra de un colectivo que está identificado con la obra de Antonio Padrón y poco trabajado en este museo, que se ha ha tomado la sociedad como una causa, explica Raúl Mendoza, coordinador de este proyecto impulsado por la Casa-Museo, al tiempo que aclara que es un reconocimiento al pintor y al modelo de gestión del museo, dirigido por César Ubierna.

La premisa de los ocho diseñadores ha sido trabajar desde el diseño gráfico, por lo que han hecho pósters de 70 x 100 centímetros en los que reflejan una actividad utópica, desde el humor, desde la metaimagen o desde la caricatura.

Néstor Dámaso, por ejemplo, ha hecho una caricatura de Lola Rodríguez, mientras que Oscar Valido trabaja con la forma de corazón como motor de la causa y Luz Sosa ha hecho un cuadro que ha convertido en un póster.

Por su parte, Reinaldo Sosa ha utilizado el humor con el juego de los pimientos de Padrón, para decir que “unos pintan y otros no”, mientras que Cristina Valencia juega con la metaimagen, con el cuadro que mira al espectador que mira el cuadro, y Marta de la Guardia utiliza la inspiración historicista con un juego de tipografías de la época de Padrón.

Antonio González, en cambio, representó la cara de Lola Rodríguez gracias a una construcción con pinceles y Raúl Mendoza intentó imitar un recortable con el que jugaba de niño a través de una baraja de un tarot hipotético en el que refleja como arcanos los principios de un museo.

Un homenaje a la trayectoria de Padrón

Antonio Padrón no fue, ni en la isla, ni el norte, ni en Gáldar, el primer artista. No hubo que esperar a su obra para poder hablar de una historia del arte en este suelo. Y sin embargo, y como lo fue Luján Pérez para la modernidad, Antonio Padrón puede considerarse el primer artista, en el sentido contemporáneo del término, en haber nacido en la comarca, explica Raúl Mendoza.

“Como pintor, escultor, impresor, dibujante e ilustrador, es imposible no ver en él un punto de inflexión y su figura ejerce, especialmente en Gáldar, una cierta paternidad sobre quienes nos dedicamos a estos afanes”, sostiene.

Con su faceta de diseñador, no ocurre nada distinto, agrega Mendoza. Antes de él hubo publicaciones, carteles y anuncios que requirieron dibujantes, paginadores y tipógrafos que ordenaran la información. Antonio no es quien primero ejerció la actividad en la comarca, pero hasta sus ilustraciones, sus banderines y sus carteles difícilmente encontraremos un referente claro y concreto, desde las Bellas Artes, donde establecer el arranque definitivo de la profesión, detalla.

No es difícil entender por qué esta faceta de su obra ha pasado casi desapercibida para el gran público. Se trata, como ocurre con sus dibujos, de obra de menor tamaño y en soportes más frágiles, más difíciles de conservar y exponer y de seguro, menos llamativos que un lienzo, sostiene.

El dibujo y el diseño tuvieron siempre consideración de arte preparatoria o aplicada y ese concepto persiste, aunque las barreras entre artes mayores y menores están ya en desuso. Lo que late detrás es el paradójico desencuentro entre la sociedad que más diseño ha consumido a lo largo de toda la historia y los diseñadores que lo producen, afirma Mendoza.

Prácticamente no hallaremos lugar donde mirar que no veamos la labor constante y silenciosa de un ejército de diseñadores gráficos: publicaciones de todo tipo, sitios web, aplicaciones electrónicas, señalética, carteles, marcas corporativas, estampados en papel o textil, material escolar, menús de restauración, camisetas, menaje de papel y plástico o rótulos comerciales, la lista es casi interminable, detalla Mendoza. Se diría que el diseño es, de todas las ramas de las artes visuales, una de las que cuenta con mayor arraigo, agrega.

Sin embargo, si preguntamos por el nombre de algún diseñador gráfico, la percepción sobre el asunto cambia radicalmente. No son conocidos, no se lee de ellos en los periódicos, no se encuentran en salas de exposición o museos y  están lejos de los circuitos artísticos, los mercados artesanos y el reconocimiento cultural, resume.

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