Canarias en El Jardín de las Delicias del Bosco

Michel Jorge Millares //

Mientras preparaba la charla ‘El turismo en Canarias, una visión sin tópicos’ que impartiré en la Escuela de Arquitectura el próximo día 17, me fijé en los detalles de la tabla izquierda del tríptico ‘El Jardín de las Delicias’ (1490-1500, óleo sobre tabla, 220 x 389 cm) de Hieronymus Bosch, y me entretuve buscando más detalles de la ‘canariedad’ de esta obra de El Bosco convertida en un icono del arte mundial.

Según el Museo del Prado, donde se conseva el cuadro: “En el [panel] izquierdo, dedicado al Paraíso terrenal, aparece en primer plano Dios -identificado por sus rasgos con Cristo- en medio de Adán y Eva. Se trata, por tanto, de la presentación de Eva a Adán, muy poco frecuente en las representaciones del Paraíso. En el plano medio, el Bosco incluye en el centro la fuente de los cuatro ríos del Paraíso, a la izquierda el drago -un árbol procedente de Canarias que se asocia con el árbol de la vida-, y a la derecha el árbol de la ciencia del bien y del mal, con la serpiente enrollada en el tronco”.

Si nos fijamos más en los detalles nos encontramos otros símbolos naturales de Canarias, además del drago, como es la representación del Arbol del bien y del mal, en el que se enrolla la serpiente tentadora, que podría representar una palmera africana o la endémica de las islas, la Phoenix Canariensis. Además podemos ver elefantes, jirafas, monos y otras especies indescriptibles, fruto de la imaginación y de las referencias (a través de grabados) que tuvo El Bosco para la realización del tríptico (interesante el parecido con la palmera y el drago que refleja Alberto Durero en ‘La huida a Egipto’, 1503). Y es que estamos en la etapa histórica en la que el Mediterráneo pierde su centralidad y el Atlántico despunta, especialmente tras la expedición colombina que tuvo lugar en la época de realización de esta obra pictórica.

Si bien la experta Pilar Silva nos explica que tras la pintura de esta tabla hay otra propuesta en la que no figuraba el drago y que se ha comprobado que “El drago actual oculta la cabeza de ese primer Adán. Esto quiere decir, que el comitente -Engelbert II de Nassau, conde de Nassau, señor de Breda- incorporó este motivo considerándolo como Árbol de la Vida”.

Aunque el infierno, obviamente, está representado por un volcán en el panel derecho, en el que nos ocupa podemos ver en la zona superior un monte volcánico mucho más evidente, con formas que nos recuerdan al Teide, con ese pico que sobresale del propio cráter. Una interpretación más próxima que la que realizaron siglos más tarde dibujantes como O. Dapper, o el propio Feuillée. Un símbolo geológico al que acompañan varias estructuras que nos recuerdan las cuevas en las que habitaron los pobladores de las islas. Pero, elucubraciones aparte, cualquiera sabe qué pasó realmente por la mente y las manos del artista hace más de 500 años… [Ver artículo con referencias a los aspectos canarios de la obra y con posibilidad de descarga en gran formato de los distintos paneles]

Aunque el tríptico de El jardín de las delicias es una obra de carácter moralizador, también podemos pensar en las referencias mitológicas y noticias de la época acerca de las Islas de los Bienaventurados, las Afortunadas, como señala Pilar Silva, el conocimiento del drago se debe “Probablemente, a través de un dibujo o de un grabado -como el de Martin Schongauer-, o a través de algún contacto directo con Madeira o Canarias. Este árbol era ya bastante famoso por sus supuestas propiedades medicinales y la ‘sangre de drago’. Es probable que conociera ese grabado o algún dibujo de alguien que pudiera haber visto un ejemplar de drago. El drago es un árbol mitológico relacionado con las Islas Canarias, Islas Afortunadas que se asocian desde la antigüedad con el Paraíso. Es un árbol originario del Paraíso, que el pintor o su comitente quiso que se incluyera”.

Tras la conquista de las islas de realengo (Gran Canaria, Tenerife y La Palma), los colonizadores pusieron inmediatamente en producción los recursos de las islas, comenzando por la industria azucarera en competencia con Madeira. En el año 1508 está registrada la primera exportación de azúcar desde las islas a Amberes (realidad que recoge la obra, de Piet Verhaert  1852-1908: ‘La navegación: el burgomaestre de Amberes da la bienvenida al capitán de los navíos que traen el azúcar desde las Islas Canarias’ que se encuentra en el ayuntamiento de la ciudad belga). Esta relación comercial dio lugar a un tráfico de azúcar hacia los puertos flamencos, con el retorno en forma de monedas y, sobre todo, arte de los más famosos artistas del momento.

Es sorprendente la cantidad y calidad de obras del arte flamenco que se conserva en las Islas Canarias y en otros lugares  pero recuerdan los vínculos comerciales con el Archipiélago, en distintas épocas pero que demuestran la larga y profunda vinculación entre las islas y la que fuera potencia marítima de los Países Bajos, sin olvidar que uno de los expertos mundiales de arte flamenco es el herreño Matías Díaz Padrón. A esta breve idea sobre el arte flamenco en las islas hay que añadir los delirios de conquista de las Islas Canarias con su rotundo fracaso en El Batán. Toda una historia que nos recuerda a Bandama (Van Damme), Van der Does y continúa con familias arraigadas en las islas como los Van de Walle y que podría ser recordada con una exposición en la que podamos ver esos cuadros en un contexto que los une a nuestro pequeño territorio…

Detalle con volcán ¿interpretación del Teide?
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