Camellos, del arado al chárter turístico

Por Míchel Jorge Millares //

En 1934, con motivo de la celebración del aniversario de la II República, el ministro Rafael Guerra del Río, amigo del artista Néstor Martín-Fernández de la Torre, le encarga el diseño y ejecución del cortejo regional canario que participó en el desfile conmemorativo, una elección que aprovecharía nuestro artista para mostrar su propuesta de imagen turística y tropical, una exhibición de tipismo plasmado en sus diseños de trajes, la arquitectura, la artesanía y, cómo no, el plátano que exportamos a América y el uso del camello que importamos de Oriente. Así recorrió Madrid la comitiva isleña ante el asombro y aplauso de la multitud. El exotismo y la belleza de los diseños que paseó por las calles madrileñas, fue la carta de presentación de un nuevo modelo turístico que tendría una gran repercusión en Gran Canaria durante décadas.

Desde hace más de 500 años, la figura del dromedario forma parte del paisaje isleño, principalmente en las Canarias orientales. Traídos desde la costa noroeste de África, los camellos fueron de gran ayuda para las explotaciones agrícolas y como transporte de carga pesada. Su uso se ha transformado, como lo ha hecho la economía de las islas, al trasladar el protagonismo de la agricultura al sector turístico.

La silueta del camello en las dunas como imagen turística de Gran Canaria se mantiene después de 60 años, junto a la playa y el oasis de Maspalomas con su palmeral. La mezcla ideal de exotismo, belleza y calidez que consolida un destino líder de sol y arena en el invierno europeo. Justo en la Reserva Natural Especial de las Dunas de Maspalomas, con sus 400 hectáreas de un paisaje que recuerda al desierto del Sahara (que tiene una superficie de 9,2 millones de kilómetros cuadrados). Una imagen que perdura en un idilio entre los turistas europeos y este enclave durante más de medio siglo. Y todo empezó en 1961 con un libro que presentaba las bases del concurso internacional de ideas para crear Maspalomas Costa Canaria, cuando en el lugar no había nada más que el faro, algunas cabañas ¡y una estación espacial de la NASA!, que formó parte de los programas Mercury, Gemini y Apolo.

Tanto en aquel libro que convocaba el concurso, como durante la presencia de los famosos astronautas norteamericanos, incluidos los héroes que pisaron la luna por primera vez, hay una presencia muy especial que destaca en las imágenes: los camellos o dromedarios. Un animal de carga que ya se incorporaba como parte de la postal turística del destino, una imagen que coincidía con el estreno en todo el mundo de ´Lawrence de Arabia´, una de las películas más famosas de la historia del cine, entre los 10 mejores filmes, y ganadora de 7 estatuillas Oscar, dejando para la historia la icónica imagen de los paisajes desérticos, con Peter O’Toole rodeado de tribus árabes, montados sobre dromedarios contra los cañones del ejército turco.

Otros/as turistas famosos también montaron a lomos de camellos, como la escritora Olivia Stone, a finales del s XIX, quien detalla la presencia de estos animales en varias de las islas. Sin embargo, desde hace 60 años, la supervivencia de esta especie en las islas depende de su papel como atractivo turístico. Una situación que ha permitido que los ejemplares existentes en Gran Canaria, no sólo sean los únicos exportables a Europa, Brasil o Australia (entre otros puntos del planeta), sino que también han sido objeto de estudios promovidos por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, con fines médicos, mejorando los resultados que se obtenían en las muestras de otras especies animales. Otros servicios que puede prestar es la limpieza o restauración del conjunto de dunas, o participando en escenas cinematográficas. Por ahora, son el más antiguo transporte que recorre el entorno de las dunas en un tranquilo paseo.

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