Manifiesto para César Manrique por un turismo post Covid-19

Por Míchel Jorge Millares

Si hubiera que explicar a César Manrique lo sucedido desde su fallecimiento, iría directamente a preguntarle ¿Qué harías ahora? Porque el resto ya lo advirtió y no lo impedimos. Le diría con sus propias palabras que se frenó la destrucción del planeta por un virus, pero con un enorme sufrimiento. La avaricia extendió sus redes por todas las ciudades inhumanas que señalaste, a través de las cuales el virus se propagó velozmente para que la Humanidad comprobara su fragilidad. Somos capaces de destrozar nuestro hogar a escala planetaria pero no podemos con un microscópico elemento de ese planeta agonizante. Y, como presagiaste, ahora hemos de revertir la destrucción que hemos puesto en marcha.

Son sus palabras -que no quisimos escuchar- las que explican dónde nos encontramos y también las que marcan posibles respuestas a nuestras incertidumbres. César anticipó las respuestas a preguntas que quizás no sean las que se estén formulando quienes dirigen nuestro destino. Preguntas con respuestas que él habría lanzado insistentemente durante estos años pero, sobre todo, las gritaría con todas sus fuerzas en estos momentos en los que parte de la ‘industria turística’, desesperada e irresponsablemente, quiere volver a una ‘normalidad’ que ya César denunció que era insostebible, planteando que deberíamos dar marcha atrás y lograr la convivencia de la industria turística con la defensa del territorio y de la cultura propia. Y esa convivencia es posible, pero, sobre todo, necesaria -obligatoria- para no vivir de espaldas al futuro. Un vínculo entre las personas y la vida para construir una alternativa limpia, inteligente, de calidad de vida con la intensidad que le caracterizaba para no desfallecer y seguir adelante, estar vigilantes y mantener viva la conciencia crítica, pues el futuro nunca está conseguido,

Decía que quizás estén haciéndose las preguntas equivocadas, las que la sociedad -y no parte de ella- no consideran prioritarias. Que sí, que hay una industria totalmente paralizada y hay que reactivarla porque de ella dependía -directamente- el 36% del PIB y 4 de cada diez empleos en las islas. Pero… Ahora será distinto. No queda otro remedio porque todo ha cambado. Y aprovechando esta situación nos hemos de preguntar ¿estábamos contentos con el resultado del modelo implantado? César no lo estaba, en absoluto. Pero no por una pose o un arrebato, sino porque lo denunciaba diariamente, a cada instante, en medio de aquella bacanal de inversiones millonarias, grandes negocios y empleo para todo el mundo en un castillo de naipes que se ha desmoronado por completo. Ante aquel sueño embriagador para unos, y pesadilla para otros, César abogaba por alcanzar la utopía y hacerla realidad con ese estado que surge cuando el alma se manifiesta volcándose con entusiasmo de salto-récord para conseguir esa singularidad de la creación que buscaba el artista en cada momento mientras combatía el afán desmedido de lucro inmediato, capaz de abolir para siempre todo el porvenir de un país o del planeta, como ha sucedido.

Durante su vida, César reclamó una reconversión de la ‘industria turística’ como la que el Gobierno español impuso en el sector minero, en el naval y en tantos otros con un coste laboral tremendo que asumimos por responsabilidad y por insostenibles. Algo que sabíamos pero que no nos atrevimos a promover para el turismo de ‘perritos calientes’ aunque Manrique nos advertía hace décadas de que era en aquel tiempo, aquel ¡ahora!, el momento de luchar para borrar la reinante vulgaridad cotidiana, establecer con claridad y calidad en el turismo una educación para la humanidad a través de la cultura y el arte. O iríamos directos a la ruina.

Pero ha llegado la crisis total, el abismo. O la oportunidad que nos ofrece un virus para evitar el exterminio suicida de nuestro planeta. ¿Y dónde están los artistas y los colectivos sociales que hemos brindado durante un año el centenario de César para recordar su mensaje? ¿Dónde ha quedado su defensa de la conservación del medio, cuando hace décadas que advertía que era una cuestión urgente, de máxima responsabilidad, de traspasar las fronteras y ampliar los ambiguos límites del arte? Probablemente seamos huérfanos de su utopía porque no hay un lider como él, o como Néstor Martín-Fernández de la Torre. Ahora que son tan necesarios porque estamos paralizados en un sistema en el que cedemos todo, nuestro futuro, nuestra utopía, nuestra felicidad a gobiernos y autoridades sin la suficiente visión de futuro necesaria para parar y programar, para impulsar una industria inteligente del turismo y así acabar con la especulación caótica que se extendió por toda Canarias.

Por todo ello, pongo sus palabras en mi voz, en mi convicción de que es necesaria y obligatoria una reconversión en la que participen las fundaciones y entidades de la sociedad civil. Que no callen ahora, que tampoco las silencien. Es obligatorio que hagan las preguntas correctas sobre cuál será el futuro de toda la población, no sólo para un sector. Que podamos plantear los interrogantes que tenemos, para que hablemos de presente y de futuro, no de cómo volver a cometer los mismos errores que sólo benefician a unos pocos y mantienen a muchos pendientes de que no surja otra crisis mientras seguimos vendiendo el paraíso y la utopía al mercado low-cost.

  • “Ante la presencia espectacular del destrozo y deterioro sistemático de nuestro planeta, por ese afán desmedido de poder y riqueza, nos encontramos en condiciones de intuir, por ese misterio escondido del instinto, la catástrofe de todo lo que pudiera ocurrir, si no luchamos aportando el esfuerzo de cada uno”. 

(César Manrique 1919-1992)

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