Magnitudes del #IFGranCanaria para reflexionar

Por Michel Jorge Millares //

Éste (o estos, que han sido varios) incendio de agosto de 2019 tendrá que recordarse por las magnitudes que hemos podido comprobar:

De respuesta institucional y social para que no corra peligro nadie en la isla, sin ninguna víctima mortal hasta el momento, tras movilizar la mayor operación de medios humanos y aéreos en la historia de los incendios forestales de Canarias. Con 10.000 personas evacuadas. Con una de las mayores demostraciones de solidaridad vivida en la isla, de su pueblo. Con el agradecimiento sincero en ventanas y azoteas a quienes se han enfrentado a un peligro mortal por salvar una persona, un árbol, un gato, una isla entera. Y, sobre todo,  la magnitud de la profesionalidad de las brigadas contra incendios y resto de cuerpos, especialmente los voluntarios (formados y organizados, poseídos por un extraordinario sentido de la participación). Las exposiciones de su jefe -héroe mediático por su credibilidad- muestran la profesionalidad del personal del conjunto de organismos y sus ‘fuerzas’, si, la entrega de personas que soportan respirar un aire que les abrasa por dentro; les arden los ojos ante un infierno que impide distinguir el entorno; tragan cenizas de mortaja de pinos y les atacan flechas de fuego. Y, para descansar -agotados- una acera o un recodo en el asfalto. Una demostración de la magnitud de los humanos para combatir los elementos y defender su tierra

La magnitud de la respuesta institucional (unánime y prioritaria) ha de ser la de solucionar las carencias que puedan producir en el futuro (que traerá -anuncian- peores condiciones meteorológicas). No valen más retrasos ni incomprensión administrativa (me refiero a algunos funcionarios que reparan o frenan estas actuaciones) al riesgo que supone para la población, para estos héroes y para la isla la fragilidad en la que vivimos, con medidas insuficientes o no puestas en marcha para convertir los espacios protegidos, las zonas forestales y los suelos agrícolas abandonados en paisajes de una isla donde la naturaleza es (siempre) protagonista por su calidad y variedad, pero sobre todo por su seguridad

Por ello se debe dotar al medio ambiente del personal y medios que necesita. No puede ser que los espacios protegidos y reconocimientos internacionales (Reseva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad) ocupen la mitad de la isla y el Cabildo no disponga de más personal para atender todo ese territorio (pregunten cuántos son y se sorprenderán). Y por su parte, el Congreso de los Diputados podría cambiar la ley que congela la contratación de personal por las administraciones públicas porque para gestionar el medio ambiente de todos hace falta personal y si hablan de emergencia climática ésta es una de sus consecuencias más peligrosas.

Me abstengo de hablar de bulos, rumores, campañas políticas soterradas en redes sociales que avivan las ascuas de los instintos de venganza, con frases sacadas de contexto, fechas y hechos fuera de lugar, leyes y clasificaciones mezcladas en un ritual de confusión que no aporta más que angustia y desconfianza cuando lo que hemos podido ver es que contamos con fuerzas y medios preparados, la colaboración entre instituciones, la solidaridad y, sobre todo, el amor a la isla.

Espero que el silencio desolador, lúgubre y ceniciento de nuestras cumbres asoladas por el fuego se convierta en un grito unánime de las instituciones y la sociedad con un programa de actuaciones para que no volvamos a padecer este dolor que grita desde las entrañas de la isla.

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