La muerte, protagonista de la visita guiada que ofrece el Museo de Historia y Antropología

La Plaza del Adelantado, la Catedral, el antiguo convento de San Agustín y la Casa Lercaro de La Laguna conforman las cuatro paradas del recorrido del domingo 13 de octubre, que comienza al mediodía y dura dos horas

     El Museo de Historia y Antropología de Tenerife, en La Laguna, puso en marcha el pasado mes de julio la actividad titulada Morimundo. La muerte y la ciudad, bajo el formato de una ruta guiada que empieza y termina en el museo y que recorre parte de la Ciudad de los Adelantados. Este domingo, 13 de octubre, a las 12.00 horas, el museo ofrece otra cita con esta iniciativa, en un itinerario que invita a la reflexión, al tiempo que muestra una realidad cada vez más velada: la presencia de la muerte en el contexto urbano y su importancia como elemento determinante para conformar la sociedad en la que se manifiesta. La Plaza del Adelantado, la Catedral, el antiguo convento de San Agustín y la Casa Lercaro (sede del citado museo) conforman las cuatro paradas de un recorrido que dura casi dos horas.

     Durante la visita programada, se hablará sobre el funcionamiento de la Inquisición en Canarias, de las muertes no anónimas de algunos personajes relevantes fallecidos, de los lugares de entierro en la ciudad, de tradiciones como la del día de difuntos, y de cómo vemos y vivimos la muerte, antes y ahora. La entrada para participar en esta actividad cuesta 9 euros y se puede adquirir en la recepción del museo (922-825949/43).

‘Morimundo. La muerte y la ciudad’

Muchos son los emplazamientos y las expresiones relacionadas con la muerte urbana; ella ha definido el pasado de San Cristóbal de La Laguna y se nos revela día tras día como un hecho del presente y, a su vez, se perfila como el acontecimiento inevitable que pondrá punto final a nuestra existencia terrenal en un futuro incierto.

     El proyecto Morimundo. La muerte y la ciudad revela cómo la historia de la ciudad ha ido conformando lugares específicos para dar sepultura y honrar a los ausentes. Así, junto a sepulcros, fosas comunes, cementerios, criptas y catafalcos, los mausoleos y cenotafios, entre otros, fueron concretando los llamados “espacios de la muerte”. Además, el culto a las almas del purgatorio tuvo su materialización plástica en los denominados cuadros de ánimas, que se localizan en la mayor parte de los templos de la ciudad. Junto a estos, los retratos al óleo de difuntos inmortalizan al representado en un singular ardid especulativo; mientras que las fotografías postmortem decimonónicas evocan el apego por el ausente. Asimismo, habría que sumar el óbito que otorga la incorruptibilidad como premio por haber poseído una vida edificante: la muerte sacra o en olor de santidad, una singular fenomenología que también encuentra su razón de ser en La Laguna.

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