El primer 0 turístico del siglo

Michel Jorge Millares //

El turismo es todo y somos todos. En algunos lugares del planeta más que en otros, evidentemente, porque esta actividad global crea riqueza, el diez por ciento mundial del PIB (Producto Interior Bruto). Y además ocupa a 1 de cada 11 trabajadores. O, mejor dicho, los ocupaba hasta hace unas semanas antes de esta pandemia. Pero siempre hay extremos estadísticos y lugares donde esos porcentajes son superiores como es nuestro caso, las Islas Afortunadas, donde cuatro de cada diez empleos están vinculados al turismo y más de un tercio de nuestra economía depende de esta actividad.

Todo un reto superar las crisis, y esta en especial con la incertidumbre de su duración y su impacto en los mercados emisores. La magnitud es tremenda pero donde se originó y mostró su poder ya se supera y devuelven la ayuda recibida porque la industria china se puso al servicio de la lucha contra su pandemia. Y ya sabemos que afectará a los 344.000 trabajadores del sector en las islas, así como a gran parte de los 590.000 empleos activos en Canarias. Por ello, dependemos de la temporalidad (o el temporal) de esta situación.

Estamos ante un cierre total temporal de la actividad turística, con 0 visitantes. De hecho, la repatriación de cientos de miles de personas que debería finalizar este domingo con una movilización extraordinaria de vuelos que vienen vacíos y parten a la mitad de su capacidad por las normas para evitar contagios, lo que complicará el retorno de los 150.000 turistas que se encuentran todavía en las islas. Ello supondrá el histórico a la temporada alta y a 70 años ininterrumpidos de turismo. Lamentablemente, algunos establecimientos han adelantado la evacuación y echado a clientes, que han buscado refugio en los consulados para intentar solventar una situación en el que no se decreta el cierre de hoteles pero sí sus actividades y se restringe la navegación aérea, tal como denuncian los empresarios del sector quienes también piden cuidar la imagen de las islas ante turistas que están mayoritariamente cumpliendo las recomendaciones.

En enero los establecimientos canarios alojaron a 1.063.000 personas, el 94% extranjeros (908.000). En febrero creció más de un uno por ciento. Por islas, los turistas extranjeros alojados (sin sumar peninsulares o insulares) fueron 153.000 en Lanzarote, 115.000 en Fuerteventura, 273.000 en Gran Canaria, 340.000 en Tenerife y 14.000 en La Palma.

Volver a estas cifras requerirá tiempo, pero ahora los empresarios están inmersos en una actividad frenética para organizar este período sabático que obligará a volver a empezar, pero no desde cero como otras -incluso peores- crisis turísticas que fueron superadas creando nuevos modelos de desarrollo turístico. La diferencia es que algunas crisis duraron años mientras que las últimas son veloces y a veces invisible.

La primera crisis turística de nuestra historia clausuró la brillante etapa del turismo de salud (1880-1914) durante la cual se construyen hoteles lujosos en Tenerife y Gran Canaria para ‘invalids’ que buscaban un clima saludable, balnearios y aguas medicinales, cuya presencia impulsó la aparición de los primeros clubes de fútbol, golf, tenis, sociedades culturales, centrales térmicas y transportes. Hasta llegó a las islas el telégrafo. Este proceso modernizador estaba ligado a los puertos hasta que la Primera Guerra Mundial (1914-17) provocó la huida de aquellos 100 pabellones que ondearon en nuestro ilusionante horizonte atlántico, como expresara el poeta Tomás Morales.

Tras la contienda hubo que trabajar por el resurgimiento turístico y crearon nuevos conceptos apoyados en el tipismo, regionalismo, indigenismo y el surrealismo, gracias a figuras destacadas como Néstor Martín-Fernández de la Torre, el arquitecto Marrero Regalado, la Escuela Luján Pérez en Gran Canaria y el grupo de La Gaceta del Arte en Tenerife con la exposición internacional surrealista. Pero otra vez este sueño se convirtió en pesadilla con la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial (1936-1945).

Aproximadamente una década después del armisticio se produjo un nuevo boom turístico con tímido crecimiento en Tenerife y gran expansión en la provincia de Las Palmas. Los nuevos turistas eran empleados que disfrutaban de vacaciones pagadas. Un turismo de sol y playa que se propagó rápidamente por la costa orientada al sur.

Pero la ambición de los inversores provocó un exceso de oferta que coincidiría con la crisis del petróleo que provocó la guerra entre árabes y judíos (1973), con el consiguiente encarecimiento del petróleo. Esto se unió al rechazo internacional de la dictadura y las incertidumbres del cambio político en España.

Aún así se mantenía la actividad turística con desigual crecimiento en las islas, pero otro ‘golpe’ fue la huelga de hostelería de 1978, originada en un hotel pero que contagió a todo el sector para reclamar un convenio colectivo. Sin embargo, mejoró la imagen en una España de moda (Olimpiadas, Madrid Capital Cultural Europea y Expo de Sevilla), cuando en Canarias Manrique realiza una intensa actividad turística junto a su protesta contra el crecimiento sin control que causaría una nueva crisis por la demanda (1988-90), ya que en menos de una década se había duplicado la oferta alojativa sin prever el encarecimiento del destino por la entrada de España en el Sistema Monetario Europeo. Una aproximación a la UE que beneficiaría a las islas gracias al Plan de fortalecimiento del turismo. La presión social continuó a pesar del fallecimiento de Manrique, y provocó la Ley de Moratoria.

Pero otra vez se mostraba la dependencia exterior del turismo, profundamente afectado por los atentados del 11S en Nueva York, la Guerra del Golfo y el dramático 11M en Madrid. Aún así, cambió la cara del destino con la apertura de nuevos establecimientos de gran calidad. Una tímida recuperación que chocó con la crisis de las hipotecas ‘subprime’ 2007-2009 que originaron una recesión económica mundial, una fuerte competencia de destinos del norte africano con un exceso de oferta en Canarias. La caída que se produjo en 2009 auguraba el peor de los escenarios cuando tuvo lugar la ‘primavera árabe’ que desvió a Canarias un turismo europeo que se mantuvo en crecimiento durante casi una década, a pesar de los casos del cierre temporal del cielo europeo por la erupción del volcán islandés Eyjafjallajökull, o la Bancarrota de Thomas Cook en 2019, responsable de casi un tercio del turismo isleño que fue rápidamente asumido por empresas del sector. Pero la alegría duró poco porque el Coronavirus infectó en unas pocas semanas a todo el sector y cuando el turismo tose enferma toda la economía canaria. Todo depende de reducir la duración del contagio.

*Publicado en Rtvc.es

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