El joven tacorontero y el oráculo veneciano

Herrera Fernández forma parte del equipo que ha ganado el certamen para dotar de contenido el Pabellón español en la Bienal de Venecia

La pregunta textual que se les planteó a los participantes en el concurso de la Bienal de Venecia era de forma simultánea sencilla y abierta a innumerables respuestas: «¿Cómo viviremos juntos?». La contestación que ofreció el equipo en el que se integra el joven Fernando Herrera Pérez, natural de Tacoronte, fue: «Incertidumbre». Y el resultado es que se llevaron el primer premio para dotar de contenido el Pabellón español.

Sus compañeros en esta aventura son Domingo Gonzalo, Sofía Piñero y Andrzej Gwizdala. Todos ellos se enfrentaron con éxito al reto de resolver un enigma más propio de un oráculo griego que de un certamen internacional. Herrera Pérez indica que la clave la encontraron precisamente en plasmar un proyecto que huye de la figura del arquitecto tradicional y acude a otras disciplinas que «tienen un impacto positivo en la sociedad».

Desde que el 14 de noviembre les comunicaron que eran los ganadores, los acontecimientos se han precipitado y están sumidos en una carrera contrareloj. La noticia ha sido especialmente bien recibida en su municipio de nacimiento donde este joven se ha convertido en una especie de celebridad. Siempre ha vivido en una casa situada junto al Mercadillo del Agricultor, excepto entre 2006 y 2013, que fue cuando estudió la carrera de Arquitectura en Las Palmas de Gran Canaria.

En el mes de diciembre el Ayuntamiento le entregó una placa en el transcurso de un pleno ordinario repleto de público que lo aplaudió con entusiasmo. Ahora la idea, tanto del alcalde, José Daniel Díaz Armas como del joven es intentar colaborar lo máximo posible. Ambos son conscientes de que con el correspondiente apoyo municipal este arquitecto tiene mucho que aportar a Tacoronte. Herrera Pérez tampoco quiere darle demasiada importancia al premio. «La gente cercana se ha alegrado pero no ha trascendido tanto. Algunos incluso van a visitar Venecia por aquellos días». En su caso concreto, todavía no conocen la legendaria ciudad pero lo harán en breve.

Cuando acabó la carrera entró a trabajar en el Colegio de Arquitectos, primero como becario, luego en prácticas y a partir de ahí ha seguido colaborando con otros equipos y preparándose en diversas materias. Precisamente, gracias al Colegio pudo conocer la convocatoria de este concurso.

En total fueron 43 los equipos de toda España que participaron en el certamen, por lo que la competencia fue feroz y apenas dispusieron de un mes para presentar su propuesta. Para estos jóvenes la Bienal supone «un enorme escaparate en el ámbito internacional y una oportunidad de tomar contacto e intercambiar experiencias con arquitectos de todos los países».

El resultado final está todavía en proceso de elaboración y los miembros del equipo prefieren «guardar un poco en secreto la imagen definitiva. Queremos irla sacando poco a poco para no destrozar el impacto inicial», cuando la Bienal abra sus puertas en mayo. Entonces los visitantes podrán apreciar la solución a la que han recurrido para resolver el interior del Pabellón, «desde el mobiliario hasta  los aspectos audiovisuales».

Este joven tacorontero agradece «el detalle» del Ayuntamiento de entregarle una placa en la última sesión plenaria del pasado año. Luego han ido apareciendo algunas noticias con su nombre y el de los demás miembros del equipo en los medios de comunicación. La Corporación ha mostrado su disposición a ayudarles en lo que sea posible para costear los gastos de transporte y de estancia en Venecia. El Estado también les ha hecho entrega de una cantidad en metálico que es bastante ajustada. Por ello, se plantean la cita  más bien como una oportunidad de cara a un futuro que, como dijeron con motivo del concurso, se presenta: «Con incertidumbre».

De ahí que valoren especialmente la oferta planteada por el Ayuntamiento de apoyarles, tanto ahora como más adelante. En su cabeza hay múltiples ideas como es la relación de Tacoronte con Óscar Domínguez  o con el vino. «Todos los miembros del equipo estaríamos encantados de colaborar con esta ciudad. Somos gente joven que nos hemos visto de golpe frente a una gran oportunidad».

Por ahora la agenda consiste en desplazarse a Venecia desde dos semanas antes del inicio de la Bienal para llevar a cabo todo el montaje que se plasmará luego en el correspondiente catálogo. Las previsiones son que por delante se enfrentan a «unos días bonitos pero también muy complicados. Aunque ya sabíamos donde nos metíamos». Existe también la posibilidad de que la muestra sea itinerante, por lo que incluso podría llegar a las Islas. «Nuestra misión es representar a la marca España», apunta.

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