Antonio Padrón, el cosmógrafo espiritual del campo canario

·        César Ubierna, director de la Casa-Museo que vela por la difusión de la obra del creador de Gáldar, destaca en esta entrevista la dimensión de su persona

La Casa-Museo Antonio Padrón. Centro de Arte Indigenista de Gáldar celebra este año 2020 el centenario del nacimiento del artista Antonio Padrón. El citado centro, perteneciente a la red de museos de la Consejería de Cultura del Cabildo grancanario, se dispone a celebrar dicha efeméride con un programa de actos que se desarrollará a lo largo de los próximos meses en dicho espacio que, como apunta su director desde hace 23 años, César Ubierna, “se expande fuera de sus muros para reivindicar el entorno tal y como hizo el propio Antonio Padrón”.

Ubierna, que como gestor provenía del ámbito de las Artes Escénicas dirigiendo su departamento en el desaparecido Centro Insular de Cultura, reconoce que “encuentra más vida en esta Casa-Museo que sobre las tablas de un escenario; compartiendo la labor didáctica con los niños y niñas que acuden al mismo, con la implementación del patrimonio iconográfico y las numerosas actividades que se realizan a lo largo del año con la participación de la población.

Este año se cumplen cien años del nacimiento de Antonio Padrón, ¿cuáles son los objetivos de la celebración del centenario?

César Ubierna. Acabar con las magüas, que es una palabra canaria preciosa. Antonio Padrón murió el 8 de mayo y un mes antes estaba pintando ‘El enfermo’, cuadro que se quedó a medio terminar, y por aquellas fechas, ya tenía el próximo lienzo en la cabeza: quería pintar una Magüa. Ese sentimiento difícil de explicar y que nosotros, desde la Casa-Museo, queremos reivindicar: acabar con las magüas y que se integre todo el museo, que se pueda realizar la exposición en Madrid e impulsar la proyección internacional de Antonio Padrón, que se vio interrumpida

¿Crees que Antonio Padrón ocupa el lugar que merece en el contexto de la historia del arte de Canarias?

C.U. No. Pero soy consciente de que cada vez conseguimos más adeptos a la causa, escritores, músicos, pintores, video-creadores, nuevos artistas que se acercan. Es asombroso el caudal de vocaciones que Antonio Padrón es capaz de provocar. Está sirviendo de estímulo a muchísimos creadores. Ahí tenemos los ‘Escritos a Padrón’, con los que llevamos trabajando 17 años. Pero claro, el problema es que la obra de Antonio Padrón es corta, ya que murió muy joven, y en el momento en el que explota artísticamente. Por eso creo que Canarias debe reconocerlo como merece, aunque también te digo que es uno de los artistas más representados, desde portadas de libros hasta discos. Y también es muy importante el trabajo en los colegios y yo creo que los menores de 20 años conocen perfectamente al artista.

¿Qué crees que apasiona tanto de la obra de Antonio Padrón?

C.U. Su arte provoca muchos sentimientos, es muy emocional y muchos lo ven como algo suyo, se descubren en sus cuadros, porque lo que aparece en ellos le viene dado, les es conocido. Antonio y su obra se extiende en nuestro entorno agrario. A mí me gusta decir que es el cosmógrafo espiritual del campo canario.

Si Antonio Padrón viviera hoy, ¿sería un militante ecologista?

C.U. No me queda duda, es que él lo era. Trabajaba la tierra por la mañana y por la tarde, pintaba. La creatividad de Antonio se sustenta en la independencia económica, que le ofrecía su trabajo en el campo. Es muy importante, porque esto era lo que hacía que pintara realmente con libertad. Él reelabora el propio mundo natural, refleja las plataneras, las esterlitzias y las reinventa, crea una nueva naturaleza. Por eso nosotros siempre nos posicionamos en defensa del paisaje cultural, de las casas rurales y la Casa-Museo se expande más allá de sus muros.

¿Quiénes visitan la Casa-Museo Antonio Padrón y cómo es la relación con el turista?

C.U. Tenemos un 15% de visitas de extranjeros y un 10% de nacionales. El que viene aquí no viene en guagua ni en excursiones contratadas, no es turista cautivo. Se acercan porque saben, conocen la obra, y eso se nota en el tiempo que invierten en la visita y en su apreciación del museo, que es muy buena. Aquí coordinamos partes activas como pasivas, puedes sentarte en el jardín o escuchar la misma música que escuchaba Antonio cuando pintaba en su taller. Es un viaje de sensaciones, que hacen que este centro tenga esa afabilidad. Es un museo con espíritu de casa.

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